PRESENTED TO
THE LIBRARY
BY
PROFESSOR MILTON A. BUCHANAN OF THE
DEPARTMENT OF ITALIAN AND SPANISH 1906-1946
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Francisco Yalverde y Perales
Leyendas y Tradiciones^
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lórdoba
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Prólogo de Rafael Torromé. Ilustraciones de Hidalgo Caviedes, J. Vera, N. Lagarde, García Menacho, F. Latorre, E. Lagarde, J. Barreras, A. Vegue y M. Tovar. 2^
490911
4-. 43
TOLEDO
IMPRENTA Y LIBRERÍA DE LA VIUDA É HIJOS DE J. PELÁEZ Comercio, 55, y Lucio, 8. 1900
Es propiedad de su autor. Queda hecho el depósito <iue marca la ley.
"Véanse las notas al final.
Al Excmo. Sr. Marqués de Guadalerzas.
(St £¿CcJ.? mi zeópefaé/e y cattnoso amicho, yue ¿an/o n°a ccn¿ii£piía/o con sus sabios con- sejos y ei-iseíiangas á t^ushar mi po£ie in¿e/Í- (^encia, c/ec/ico esi*a moa/esta califa, (jue si no es aczeedcta á ¿a/* c/isímción por sti escaso me'zito fyeiattOy tiene en su ^avor ¿a benevo- lencia c/e ^¿c/. ij /a a c/m nación, caziño ^ a^tac/ecimienfo <^ue por ^&¿c/. sien fe su autor
ITALIA-ESPAÑA
EX-LIBRIS M. A. BUCHANAN
f B.ÓL0Q©
os grandes poetas españoles del siglo XIX, aquellos cuyo nombre sobrevivirá á su tiempo, han inspirado sus obras en asuntos his- tóricos y han escogido en los inagotables veneros de la tradición y la leyenda asuntos y aconte- cimientos de que se halla exhausta la empobre- cida España de nuestros días.
Zorrilla, el Duque de Rivas, García Gutiérrez, han pulsado sus liras inmortales haciendo con ellas revivir las pasadas grandezas, acaso porque el vil prosaísmo y la mezquindad moral de ahora, les obligaba á volver las miradas á épocas re- motas, que muestran, si no á los ojos á la memo- ria, actos heroicos, nobles y prodigiosos, capa- ces de ser escuchados con emoción y referidos con elocuencia.
Existe unidad y compenetración tan íntima y estrecha entre la obra literaria y el tiempo en que se inspira, las costumbres que refiere y los acontecimientos que retrata, que los grandes poetas sólo viven y se logran en las grandes Naciones.
Estudiando la historia literaria de los distin-
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LEYENDAS Y TRADICIONES
tos países de Europa se observan lagunas de cen- turias de años en que ninguno de los habitantes de inmensos territorios siente encendida su alma por el fervor lírico , ni acierta dignamente á dar expresión á nobles sentimientos, y no es lógico suponer que esta poquedad y carencia estribe en la causa eficiente, es decir, en el literato que pueda hacer la obra, cuya inspiración acaso yazca en potencia , ó sea adormecida en el alma de cualquier ciudadano, sino más bien en las causas circundantes y ocasionales que no des- piertan en aquel espíritu las energías de que es capaz , como la semilla caída en mala tierra ó á destiempo que no germina porque no encuentra los elementos necesarios para explayar la vita- lidad y la naturaleza que potencialmente guarda en su seno.
D. Adelardo López de Ayala, autor dramá- tico y poeta, como todos sabéis, selectísimo, y hombre de gran entendimiento, dice en sus notas sobre la decadencia del teatro italiano, que las comedias son espejos donde la sociedad se mira, y que aquellas Naciones decadentes que tienen horrible perfil psicológico , carecen de teatro por que no les agrada contemplar su propia fealdad.
Eso puede decirse también de España, cuya literatura dramática se halla en lamentable decadencia y cuya poesía lírica desmaya y muere por análogas causas.
La literatura es un producto social, como la ñora es un producto del suelo, y tan difícil es que nazcan plátanos en las cumbres de los Pirineos ó
PRÓLOGO
VII
de Sierra Nevada, como poetas líricos y dramá- ticos en países que no tienen entusiasmos, ideales ni grandeza.
Podrán florecer acaso los pintores y los escul- tores porque tienen modelos universales y mudos, cuya virtud estriba en las inmutables entidades del color y de la línea que no están sujetos á las oscilaciones morales de los espíritus ni del medio ambiente; pero aquellos que se han de inspirar en una sociedad desmayada no tienen más camino que copiarla ó que maldecirla ; en el primer caso , la obra tiene que participar de la insignificancia del modelo, y en el segundo, ha de adolecer de las monótonas lamentaciones de Jeremías, ó de la iracundia sarcástica de Juve- nal, y en uno y otro caso se desprende de la obra un tufillo acerbo y desconsolador, que antes que atraer y cautivar el ánimo, lo amarga y lo repele.
Por todas estas causas, las fuentes históricas y legendarias me parecen las más apropiadas para beber su inspiración nuestros poetas, y aun cuan- do sea triste el espectáculo que ofrece un país aferrado en cantar, como viejo decrépito, sus mocedades , porque en su edad presente no rea- liza actos dignos de ser ensalzados ni referidos, es más triste aún, por ser más infructuoso , empe- ñarse valdíamente en rebuscar asuntos poéticos en épocas prasaicas ó inspirarse en un subjeti- vismo absoluto por donde el poeta exprese su personal manera de sentir, que si es idealista y elevada, serán sus versos los lamentos del mártir entre fieras.
VIII
LEYENDAS Y TRADICIONES
Así, pues, felicito á mi excelente amigo Don Francisco Valverde y Perales por la acertada elección de las tradicionales fuentes en que ha inspirado su labor poética , por las cuales puede manifestar sus envidiables cualidades de viv bonus y de versificador discretísimo, dando vida y calor á aquellos hechos que, aun cuando pasa- ron, habrán de quedar eternamente en nuestra memoria, porque en el mundo sólo perdura lo que es digno de vida perdurable.
Las Leyendas y Tradiciones de Toledo, Córdoba y Granada, constituyen una obrita llena de interés y de atracción, y la versifica- ción, siempre discreta, y en muchas ocasiones inspirada y bien sentida, es fiel intérprete de la grandeza de los sucesos y pasiones que manifiesta.
El Sr. Valverde es de aquellos hombres que á su propio exclusivo y decidido esfuerzo personal lo deben todo, lo mismo la cultura que acendra y aquilata su gusto literario, que las estrellas que honran su uniforme militar, ganadas en el rudo y peligroso malestar de las campañas , y yaciendo en esa triste orfandad de protecciones en que se forman y templan los grandes caracteres.
Para expresar dignamente la caballerosidad legendaria ele nuestra raza , es necesario sentirla, y el autor de esta obra la siente hasta tal punto, que parece, hasta en su aspecto, uno de aquellos españoles del siglo XVI, llenos de caballerosidad y de hidalguía que enaltecieron é inmortalizaron el nombre de su Patria.
A ese espíritu caballeroso se debe el respeto
rr.ÓLOGO
IX
que hasta hace poco tiempo ha inspirado España á todas las Naciones de Europa, y al vernos ahora desposeídos de él por las ruindades é infamias de que hemos dado tristísimo ejemplo en recientes desastres nacionales, es necesario que nos esfor- cemos en recuperar el bien perdido ; en recobrar nuestro carácter tradicional, esa hermosa leyen- da que algunos insensatos ven con gusto que se haya desvanecido porque presumen que es augu- rio de que entramos en la vida moderna; pero no comprenden que esa misma vida moderna no puede darnos elementos de existencia si borra de nuestro corazón los sentimientos de hidalguía, patriotismo , desinterés , y en fin , de las santas virtudes que constituyen el fondo eterno de la vida moral de las Naciones.
Expresando ideas análogas dice el insigne Pérez Galdós en Zumalacár regid , aludiendo á la caballerosa energía de nuestra raza:
«La tenacidad, la gallardía caballeresca, com- ponen toda la historia de una raza que al incli- narse para caer en tierra, ya está pensando en cómo ha de levantarse.»
España debe inspirar su conducta futura en su vida pretérita, despojándola sólo de aquellas formas que sean incompatibles con los progresos modernos, pero conservando siempre con el más acendrado amor los elevados y excelsos senti- mientos, y las nobilísimas prendas de carácter que encierran la energía necesaria para las cí- vicas virtudes. No conviene subordinarnos á lo pasado, pero tampoco desechar de lo pasado lo
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LEYENDAS Y TRADICIONES
que contenga de esencial , inmejorable é insus- tituible, y para inspirar nuestra conducta, es forzoso cultivar la literatura genuinamente espa- ñola, y avezar la juventud á la lectura y medi- tación de libros como éste, que expresa por delei- table manera la enérgica y hermosa fisonomía moral de nuestra Patria.
R. Torróme.
Toledo ? insigne Córdoba , Granada incomparable , cuando discurro á solas por vuestras viejas calles , en esas horas tristes en que las sombras caen 7 cruzando silenciosos y lóbregos pasajes poblados de fantasmas que á mi memoria traen de razas y centurias grandezas y desastres; ó escucho la campana sus ecos dando al aire desde las altas torres que fueron alminares; ó miro cómo logran los siglos y el pillaje rendir vuestras defensas un tiempo inexpugnables; en torno mío siento las alas agitarse de formas misteriosas ? calladas 7 impalpables,
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LEYENDAS Y TRADICIONES
que, en voz baja, á mi oído murmuran , incitantes, consejas , aventuras, proezas militares , cuentos y fantasías de ya muertas edades, cuando mi Patria era Nación temida y grande. Los hechos que refieren sus lenguas inmortales de noble y alto ejemplo son fuente inagotable que hoy, por su mal, olvida la humanidad, lanzándose ciega, entre la resaca de estrépito asordante, corriendo tras quimeras que no han de realizarse. Gloriosas tradiciones, consejas admirables, que ya inútiles juzga, porque todo lo sabe, un pueblo cuyo espíritu mezquinamente late, soberbio con su ciencia, hidrópico insaciable de bienes positivos y goces materiales , que cual tronco sin savia podrido se deshace. La fe ya es fanatismo, lo milagroso un fraude,
FRANCISCO VAL VERDE Y PERALES
la santa es una histérica,
un ídolo la imagen,
el creyente un beato
y un pobre iluso el vate.
Lo bello, el bien; lo justo,
aspiración constante
del alma que pretende
á lo perfecto alzarse ,
ni se honran ni se estiman
si no son cotizables.
Patria, honor, nombre, gloria,
sublimes ideales
que el mundo conmovieron
con fuerza incontrastable ,
son palabras vacías
que ya no entiende nadie
ni nada significan
para el error triunfante ,
que infama ó desmorona
prestigios seculares
y arrastra por el lodo
la túnica del Arte.
Yo busco el idealismo :
su aliento me levante
con alas poderosas
á esferas más brillantes ,
donde el materialismo
rastrero su voz calle
y con crudezas torpes
mi inspiración no manche.
Mientras en los desiertos
el misionero errante
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LEYENDAS Y TRADICIONES
duro martirio acepte de indómitos salvajes; mientras vierta el soldado tesoros de su sangre y pródigo con ella culpas ajenas lave; mientras santas mujeres reciban , sin quejarse, la muerte, respirando ambiente de hospitales; mientras valientes liras ? con himnos resonantes , las Artes solemnicen ? la Fe y la Patria ensalcen; habrá quien sobre el torpe materialismo se alce y hasta seguro puerto pueda llevar la nave. En tanto , vuestras glorias , matronas venerables , yo cantaré, esperando que la borrasca pase.
I
Entre el dédalo confuso de misteriosas callejas que por la imperial Toledo suben ? bajan y serpean,
LEYENDAS Y TRADICIONES
una existe , flanqueada por casas pobres y viejas, que de los Niños Hermosos el extraño nombre lleva. Lo debió , en remotos días , á una curiosa leyenda en que de un infame procer hizo rodar la cabeza un Rey que de su justicia dió en ello acabada muestra. De tan peregrina historia el narrador nada inventa ; la copia de un viejo libro que, en enrevesadas letras, refiere el caso, y os juro que según apunta fechas y nombres , tiene la historia carácter de verdadera.
II
El siglo trece mediaba y por el Rey en Toledo un Alguacil gobernaba á quien el pueblo miraba con justificado miedo. Hombre á la guerra avezado, lascivo, duro y cruel, de la codicia picado ;
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES 7
sin duda tomó el pecado humanas formas en él. Diz que, casada ó doncella, mujer á quien llegó á hablar si nació, por su mal, bella, no cejaba hasta saciar sus apetitos en ella.
Y si algún padre ó marido á la defensa salía, callábase por sabido , que á mano airada moría ó era á prisión reducido.
Y el noble y el menestral que el atropello brutal en su vecino miraban , llenos de temor, guardaban sus hijas y su caudal.
De tan graves desafueros iban, hasta el Rey Fernando, por cartas y mensajeros, amargas quejas llegando de nobles y de pecheros.
Y espantado el Soberano de los hechos inauditos del Alguacil toledano, se dispuso , por su mano , á castigar sus delitos.
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LEYENDAS Y TRADICIONES
III
El Alguacil , entretanto , de honras y de sangre ebrio , sin saciarse , acumulaba sobre un crimen otro nuevo , de Dios y del Santo Rey las leyes dando al desprecio. Salió un domingo cercado de esbirros y recorriendo las calles pasó por una donde, en infantiles juegos entretenidos y alegres, halló dos niños pequeños. Blancos eran cual las flores del azahar entreabierto , de sonrosadas mejillas y azules ojos de cielo que dulces se dilataban en irisados reflejos. Iguales eran sus trajes, y tan semejantes ellos, que uno se copiaba en otro como en transparente espejo. Detúvose el Alguacil mirándolos algún tiempo , y una vieja que pasaba
FRANCISCO VAL VERDE Y PERALES
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le dijo: — Son los gemelos del mercader de la esquina. —Nunca vi rostros tan bellos, repuso aquél, y la vieja, — son el retrato perfecto de su madre , dijo , y son , también, el fruto primero del matrimonio. — Marchaos, dijo el Alguacil, y luego anadió á su gente: —Aquí os quedaréis en acecho , y cuando no pase nadie agarrad esos chicuelos, al Alcázar conducidlos y á buen recaudo ponedlos.
IV
Los esbirros, avezados á crímenes parecidos , llevaron sin ser sentidos los dos niños secuestrados Y cuando el sol declinaba la pobre madre , Leonor, con lágrimas de dolor por sus hijos preguntaba. Nadie de los niños bellos razón alguna sabía ,
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LEYENDAS Y TRADICIONES
y la madre se sentía
morir de pena por ellos.
Fué inútil todo cuidado
por hallarles , que seguros
los guardó, tras fuertes muros ,
el Alguacil desalmado.
Huyeron las alegrías
de aquel venturoso hogar
y entre gemir y llorar
iban pasando los días.
Ya declinaba el tercero
cuando, á la madre angustiada,
le fué una esquela entregada
por extraño mensajero.
Leyóla, y un ronco grito
de su pecho se escapó
cuando el contenido vió
de aquel anónimo escrito.
Decía: «Si queréis ver
á vuestros hijos, Leonor,
sólo el Alguacil mayor
os los puede devolver.
Sola al iUcázar iréis ;
que en este grave secreto
con cualquier paso indiscreto
su vida comprometéis.»
Quedó con los ojos fijos
en aquel papel Leonor ,
que iba á pedirle su honor
en rescate de sus hijos.
Y del dilema espantada
se sintió desfallecer,
FRANCISCO VALVERDE V PERALES
que aquella infeliz mujer era madre y era honrada. Ante una imagen bendita de la Virgen se postró y ferviente le pidió remedio para su cuita; que todo pecho cristiano busca , por recto camino , protección en lo divino si no la encuentra en lo humano. Su fe le daba consuelo en situación tan cruel ? cuando un segundo papel hizo más grave su duelo. «Tres días, leyó, han pasado sin ir donde se os espera; habéis , cual hirsuta fiera 9 vuestros hijos olvidado ; un último plazo os dan ; cuando marque la campana la media noche mañana , al Tajo los echarán.»
V
Sin dar crédito á sus ojos , Leonor, en llanto anegada , leyó repetidas veces aquella terrible carta.
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LEYENDAS Y TRADICIONES
El amor de madre en ella rompió violento sus vallas y á salvar la vida á aquellos pedazos de sus entrañas se dispuso , y como loca , a la siguiente mañana , cuando se ausentó el marido , salió sola de su casa dispuesta á inmolar su honra , y cuando libres llevara al padre sus tiernos hijos , hundir del Tajo en las aguas su cuerpo, para lavar dando la vida su mancha . Salió por una calleja á la cuesta del Alcázar donde se vio detenida por una barrera humana que sin cesar , «viva el Rey» ; con entusiasmo gritaba. Por encima de la gente miró , solemne y pausada , avanzar sobre un caballo una figura gallarda ? y adivinando quién era , corrió á su encuentro , y postrada de hinojos ante el caballo } arrancó un grito del alma diciendo: «Señor, justicia» ; y sorprendido el Monarca , ante el dolor de la hermosa detuvo un punto su marcha;
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES 13
escuchó atento sus quejas
y le dijo : — Mujer , calma
tus penas y ven conmigo
que haré justicia á tu causa. —
Poco después se veían
en una lujosa estancia
del Alcázar, al buen Rey
que despacio compulsaba
la letra de unas esquelas ;
al Alguacil entre guardias,
y á Leonor con sus dos hijos
que en silencio se besaban .
Vistas las pruebas , el Rey
dictó sentencia , y el hacha
del verdugo cortó al punto
del culpable la garganta.
Luego la horrible cabeza
del Alguacil, colocada
sobre un plato de madera ,
se expuso en calles y plazas ,
y para dejar memoria
en la ciudad toledana
del crimen y del castigo ,
dispuso el Rey que, á la entrada,
sobre la Puerta del Sol ,
un grabado se fijara
en piedra, y él atestigua
que esta leyenda es exacta.
También dispuso, admirado
de las infantiles gracias
y hermosura de los niños ,
cambiar el nombre que usaba
LEYENDAS Y TRADICIONES
la calle donde nacieron , y desde aquel tiempo data el de los Niños Hermosos ; como hoy la calle se llama.
I
— De aquí la verás mejor : contempla con qué primor ese manto peregrino se plega al cuerpo divino de la Virgen del Amor. Mira qué soplo de vida por toda su faz ríela : cuando la vi concluida , el alma á sus pies rendida exclamé: Maris Stella. Mas, ¿cómo tal perfección mi mano diera á su talla ,
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LEYENDAS Y TRADICIONES
esposa del corazón , sin la dulce inspiración que mi cincel en ti halla? — Así en su taller un día á su esposa le decía un escultor toledano mientras le mostraba ufano una imagen de María.
Y ella , que el realismo amaba , y aquel prodigio del arte
á comprender no llegaba , disimulando , fijaba los ojos en otra parte. Sin cuidarse, al parecer, de los que cerca tenía trabajaba en el taller un mancebo, que atraía la atención de la mujer; sevillana sensual que encontraba preferible á la belleza ideal , la material y tangible de la existencia real. Mientras el marido hablaba, ella, que de su presencia apenas si se cuidaba, con el mancebo cambiaba miradas de inteligencia.
Y tan clara la intención y tanta la obstinación fué del extraño mirar, que al fin llegó á despertar
FRANCISCO VAL VER DE Y PERALES
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las sospechas de León. Celos, cual lava candente , en su pecho sintió arder, y de vengarse impaciente , se retiró del taller pretextando caso urgente. Estuvo oculto un instante; volvió de improviso luego y pudo ver , lo bastante para cortar, de ira ciego, la existencia del amante. Salvó la esposa la vida con alas que le dió el miedo, y el desdichado homicida huyó solo de Toledo á tierra desconocida. Fué corriendo disfrazado varias provincias , y al fin , le admitió , como donado , el Abad de San Martín , de Valdeiglesias nombrado.
II
Tras tanto y tan grave apuro, en el recinto abacial, bajo el humilde sayal, se vio el escultor seguro. El tiempo , la penitencia , el trabajo y la oración
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LEYENDAS Y TRADICIONES
devolvieron á León la calma de la conciencia. Concedió perdón y olvido á la esposa delincuente y lloró sinceramente su crimen, arrepentido. Luego de su triste historia hizo al Abad largo cuento, y dejar quiso al convento de su gratitud memoria. Pidió preciosas maderas y manejando el cincel volvió á cruzar Rafael las artísticas esferas. Pronto la noble abadía absorta pudo admirar un primoroso ejemplar de soberbia sillería. Años tras años pasaban y ya del rico tesoro para completar el coro pocas sillas le faltaban , cuando el Abad , cierto día , de Toledo le contó , tal nueva, que le llenó de mortal melancolía. Le dijo cómo su esposa andaba por la ciudad la pública caridad implorando vergonzosa, y añadió: — Pues que sincero perdón la otorgaste ayer
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES 19
socorrerla es tu deber ; toma permiso y dinero. Corre allá ; pero á ninguno has de descubrir quién eres; que, al cumplir ciertos deberes, el callar es oportuno. — Volvió á su pueblo querido , del Abad siguió el consejo , y aquel fraile , pobre y viejo, de nadie fué conocido. Buscó á su esposa, y mentira creyó, que penas y años produjeran tantos dafios en el rostro de su Elvira. Darse á conocer pensó , mas , triunfó de su flaqueza ; la socorrió con largueza y á San Martín se volvió. Triste , mudo y abatido , el alma envuelta en misterio , reanudó en el monasterio el trabajo interrumpido. Y tanto y con ardor tal al cincel movió su brazo, que en un brevísimo plazo sólo la silla abacial faltaba para el completo , cuando el Abad, nuevamente, llenó de sombras su mente con otro triste secreto. — Toledo llora afligida por una peste infecciosa ,
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LEYENDAS Y TRADICIONES
le dijo , y sé que tu esposa está de la peste herida ; tu deber allí te llama. — Ei buen artista corrió á Toledo , y encontró postrada á su Elvira en cama ; abandonada de todos; lo que allí pasó se ignora , mas, según se cuenta ahora, se comentó de mil modos, y no sin malicia , el hecho de hallarse dos apestados , fraile y mujer, abrazados, muertos sobre un mismo lecho. Y en la ciudad toledana nadie en ellos supo ver, ni al escultor del taller, ni á la bella sevillana. (1)
Guardaba con fe piadosa cierta toledana villa en vieja y pobre capilla una imagen milagrosa. Era la bella escultura un Cristo, cuyo semblante
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LEYENDAS Y TRADICIONES
palpitaba agonizante con espasmos de tortura. De su protección divina, que en todo mal invocaban , rail prodigios se contaban en la comarca vecina, donde no faltó ocasión á nadie, para llevar agradecido al altar un voto ó una oración. Pero ? quien con más ferviente celo, con fe más sincera veneraba al Cristo , era el joven Pedro Vicente. Cristiano fiel y buen hijo nunca más dicha soñó que el hogar donde nació y el culto del Crucifijo. Mas , á la ciudad un día se vió obligado á marchar , dejándose en el lugar todo lo que más quería. Con desaliento profundo sintióse Pedro, al partir, débil para resistir las tentaciones del inundo, y acudió con fe sencilla, lleno de cristiana unción, á implorar la protección del Cristo de la capilla. — Señor, dijo compungido, pues que rigores del hado
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me llevan de vuestro lado concededme lo que os pido. Dadme voluntad que enfrene el fuego de mis pasiones; dadme los copiosos dones que la Caridad contiene. Dadme cristiana elocuencia para abatir la maldad; dadme , en la dicha , humildad , y en la desgracia , paciencia. Nunca en mi silencio apoyo halle el injusto tirano , ni de ver deje un hermano en el hijo del arroyo.
Y siempre vuestra bondad divina, mi pecho aliente contra la impura corriente del vicio y de la impiedad. — El Cristo de la Agonía oyendo al joven piadoso
se dignó darle amoroso todo lo que le pedía.
Y de su costado abierto principiaron á brotar mil virtudes que el altar dejaron pronto cubierto. De tal prodigio asombrado , humilde , Pedro, y confuso, á recoger se dispuso aquel tesoro sagrado. Mas, viendo que no podía tanta riqueza guardar
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LEYENDAS Y TRADICIONES
corrió á su casa á buscar una caja que tenía. Volvió , y el santo presente guardó en ella satisfecho , y se la puso en el pecho de rica cinta pendiente. Luego del Cristo divino humilde se despidió ; besó la cruz , y tomó de la ciudad el camino. Ya en ella, pudo apreciar que su codiciado bulto , entre aquel pueblo tan culto era propenso á estorbar ; pues en estrechos pasajes, sin la menor intención , pegó más de un tropezón con ilustres personajes , y hasta llegó , por su mal , á derribar en la acera á un Ministro la cartera y el bastón á un General. Al fin, de la caja huían todos, y el grande y el chico, del importuno Perico que estaba toco, decían. Y él , queriendo poner tasa á situación tan aleve, se dijo : —Pues, lo más breve, es dejar el bulto en casa, y así ninguno sabrá si soy creyente ó ateo;
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amén á todo y laus Deo, ¿quién conmigo reñirá?- - Mas , luego , su cobardía conoció , y todo perplejo , decidió pedir consejo al Cristo de la Agonía. Allá se marchó derecho , en la capilla se entró y ante el Cristo se postró llevando la caja al pecho. Confuso y avergonzado iba ya á exponer su cuita cuando la imagen bendita habló del Crucificado , y le dijo: — Yo , que leo en tu corazón , Vicente , tengo , con dolor , presente lo indigno de tu deseo. Si al tesoro que te di vida cómoda prefieres , libre , por mi gracia , eres , puedes dejártelo aquí. Mas, no olvides, si cobarde capitulas con el vicio, que allá, en el postrer juicio, si me llamas, será tarde. Esclavos de sus pasiones los hombres van á la muerte y habrás de seguir mi suerte si á su malicia te opones. Pues sólo porque la luz les di de santas doctrinas
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LEYENDAS Y TRADICIONES
me coronaron de espinas y me clavaron en cruz. Si en tu pecho un santuario al bien y á la virtud das, clavado no morirás , pero tendrás tu calvario; porque ya el humano enjambre que en la tierra fructifica , al justo no crucifica , lo deja morir de hambre. Deja la caja, si al suelo te inclinas y á sus placeres ; si llevar la c¿ija quieres , mártir subirás al cielo. Si aquí placer, allí penas, si allí gloria, aquí pasión, escoge, por tu elección te salvas ó te condenas. — Y añade luego la historia que cuando al Cristo escuchó , Pedro la caja abrazó diciendo : ¡ Sefior, tu gloria !
I
Sobre la clave del puente que de San Martín se llama se ve, mirando á Poniente, en mármol blanco y luciente el busto de gentil dama. Quién es, y por que está allí, dice tradición añeja; la diré como la oí, aunque no me conste á mí lo cierto de la conseja. No hallaba entonces rival Toledo , del arte emporio , y en ella , con pompa real ,
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LEYENDAS Y TRADICIONES
era Don Pedro Tenorio
Arzobispo y Cardenal.
La guerra , en tiempo pasado ,
aquel puente destruyó,
y el generoso Prelado
reedificarlo mandó
á un arquitecto afamado.
Oro sin tasa vertía
el purpurado magnate;
el tiempo veloz corría ,
y al fin, al puente dió un día
el arquitecto remate.
Y al artista el Cardenal dijo, mirando el portento de aquel arco colosal : —A su luz sólo es igual la luz de vuestro talento. Eterna vuestra memoria vivirá ele gente en gente, y alzarán á vuestra gloria himnos en letras la historia, himnos en piedras el puente. —
Y el buen pueblo toledano por las laderas y el llano afanoso se extendía
y al arquitecto aplaudía como á genio soberano. Mudo el artista escuchó del Prelado las razones, confuso se retiró , y el pueblo le acompañó con vivas y aclamaciones.
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES 29
II
No bien penetró en sus lares el arquitecto abatido y cesó el sordo ruido de los gritos populares , sentóse junto á una mesa; la sien apoyó en la mano, contemplando absorto un plano cuyo estudio le interesa. Y tras largo meditar exclamó: — ¡Mi fama ha muerto! Mi error, por desdicha , es cierto; nada me puede salvar. Sin honra vivir no puedo ; yo las cimbras quitaré y aplastado moriré ante el pueblo de Toledo.— Su faz trastornó el efecto de mental perturbación cuando entró en la habitación la esposa del arquitecto, que justamente alarmada, con lágrimas en los ojos , quiso de aquellos enojos saber la causa ignorada. El raudal de su ternura calmó del artista el duelo
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LEYENDAS Y TRADICIONES
que le mostró , sin recelo , la causa de su amargura. — Sólo quien como tú ama, dijo, sabrá disculparme cuando se acerque á insultarme ese pueblo que me aclama. Un error, ya sin remedio, hoy en el puente he notado , dos sillares he trocado en el gran arco de en medio. Y de tan torpe manera ajusté la clave arriba que todo su peso estriba en la armazón de madera. Llegará el fatal momento en que las cimbras se quiten y no habrá fuerzas que eviten un espantoso hundimiento. Yo me hundiré con el puente; el Tajo me arrastrará y mi memoria será vituperio de la gente. — Creció en la esposa el cuidado y el carino del esposo que si le amaba dichoso le idolatró desdichado. Alma noble en mujer fuerte que, apenada de escucharle, ya sólo pensó en librarle de la deshonra y la muerte.
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES 31
III
Rueda en nubes osbcuras embozada
la noche silenciosa y duerme en la penumbra sepultada
la ciudad populosa. Ni una luz, ni un acento, ni un ruido
se mira ni se siente, sólo el Tajo , de lluvias acrecido ,
revélase imponente. Lentos golpes los ecos dilataron
de doce campanadas ? cuando en una calleja se escucharon
rumores de pisadas. Sombra ó fantasma que infundir pudiera
al más valiente espanto , se ve hacia el Tajo descender ligera
envuelta en negro manto. No le infunde temor la espuma hirviente
que invade la ribera; audaz llega á tocar del nuevo puente
las cimbras de madera. Sobre la seca pira resinosa
un líquido derrama ? descubre una linterna misteriosa ,
y aplícale su llama. Y en tanto al pino, con terrible imperio,
el fuego lame y muerde,
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LEYENDAS Y TRADICIONES
huye la sombra con igual misterio
y en las calles se pierde. Cuando leves reflejos de la aurora
se alzaban en Oriente , destruida la cimbra protectora
se hundió el hermoso puente. Nadie logró saber si el inaudito
suceso inesperado, producto fué de caso fortuito
ó crimen meditado. Y en tanto el arquitecto se admiraba
del hecho providente que su vida y su crédito libraba
de un peligro inminente; con mano liberal de nuevo abría
sus arcas el Prelado ; llamaba al arquitecto , y disponía
que el puente fuera alzado.
IV
Largos meses pasaron , ya el puente terminaba cuando al buen arquitecto nueva desdicha hirió , á la sin par esposa que con el alma amaba una grave dolencia la vida arrebató. Ya en su lecho de muerte , con voz desfallecida , —un secreto, le dijo, te voy á revelar: yo fui la que una noche, para salvar tu vida, de San Martín el puente me decidí á incendiar.—
FRANCISCO VA L VERDE Y PERALES
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Murió luego, y guardando revelación tan grave , el buen artista en mármol su busto retrató y en el arco de en medio, sobre la altiva clavo, con mano temblorosa llorando le fijó. Tal es de la leyenda la narración curiosa que yo relato ahora como contarla oi , si algún lector la juzga conseja fabulosa abónala el retrato que el puente guarda allí.
Saetín© ¿L@ Swfláa
I
Del décimo primer siglo mediaba el último tercio ; reinaba en Toledo Yáhia , y en los castillos fronteros de su reino, que batían las armas de Alfonso sexto, destacó jefes bizarros en bravas lides expertos, nobles , prudentes, altivos, de belicoso denuedo , que en cien batallas probaron el buen temple de sus pechos. Entre las negras montañas
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LEYENDAS Y TRADICIONES
que al sur del morisco reino cierran el paso al extraño se oculta un valle risueño, y guardando la garganta que á su llanura da acceso se alzaba una fortaleza cuya defensa y gobierno por el Rey Yáhia tenía un bizarro caballero , de noble sangre nacido , joven, gallardo y apuesto, tan bien quisto de los grandes como querido del pueblo , y de las moras más bellas estimado por discreto. Era su nombre Abenámar; quien en sus años más tiernos vió sucumbir á su padre en un combate sangriento ? y descender al sepulcro , herida del dolor luego, á su buena y dulce madre, quedando en el mundo huérfano con un hermano, aún más niño, Hasán nombrado, por bello. A los lazos de la sangre unió la desgracia en ellos nuevos lazos que estrecharon comunes gustos y el tiempo. Jamás Hasán y Abenámar vivir ausentes pudieron ; que en la guerra y en las paces
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eran un alma y dos cuerpos. Aquel era del castillo lugarteniente primero, compartiendo con su hermano la vigilancia y el riesgo que los tiempos demandaban de aquellos duros guerreros. Ningún temor presentían; nada turbaba su sueño ; que unidos por tales lazos eran los peligros menos. Así dichosos vivían , ¿isí los años corrieron , sin que una nube empañara la pureza de su afecto.
II
La tarde en calma declina; el sol corriendo á Occidente traspone por la colina , y alegre cruza el ambiente la parlera golondrina. Pasó Mayo con sus flores; vino el otoño templado ; dando sus frutos mejores ; en los huertos, el granado , y la vid, en los alcores. De gala viste el castillo ;
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LEYENDAS Y TRADICIONES
flámulas y gallardetes prestan á sus torres brillo , y del abierto rastrillo surgen apuestos jinetes. Lucen en brutos pujantes bordadas sillas brillantes con petrales y caireles; rojos llevan los turbantes y blancos los alquiceles. Poniente el sol reverbera en la dorada estribera ; brillan los frenos de plata , y desciende la ladera la lucida cabalgata. Camina el primero Hasán , y en diez nevados corceles , de vivo y noble ademán , siguiendo sus huellas van diez arrogantes donceles. En correcta formación marcha luego el escuadrón que Abenámar rige y guía ; cuando otra hueste venía en opuesta dirección. Mueve el caballo lozano de sus donceles seguido Hasán, galopando el llano, hasta ponerse cercano del grupo desconocido . Y al mirarse frente á frente de los que van á su encuentro sintió nublarse su mente
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y salírsele latente el corazón de su centro. Y es, que bajo de un turbante de blancura deslumbrante se le mostró, de improviso, el hechicero semblante de una hurí del paraíso. Flor que en los ricos pensiles del Betis creció dichosa, es en sus tiernos abriles cáliz que puro rebosa en encantos juveniles. Tez de nieve, dulces ojos azules, claros y bellos, labios delgados y rojos , blondos y largos cabellos que al mismo sol dan enojos. ¡Quién que la dulzura viera de su apacible mirada sospechara ni creyera que un alma de fuego hubiera en aquel cuerpo de hada ! Es hija de Aben-Kadía, noble que en Andalucía es Alcaide de una fuerza, y por esposa la envía al señor de Guadalerza. Hasán turbado la mira , ella se acerca á su lado , enamorada suspira, le llama su bien amado y el pobre joven delira.
i
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LEYENDAS Y TRADICIONES
Abenámar llega en esto
y del suceso advertido ,
á su pesar, frunció el gesto ,
pero se repuso presto
pues todo un error ha sido.
Zoraida, la linda mora,
que nunca á Abenámar viera ,
conoce su engaño ahora
y se acerca seductora
al esposo que la espera.
Y aunque veló su intención los afectos que sentía llevó la equivocación ,
á su cara la alegría y el luto á su corazón. Burlándose de su error, al lado de su señor, al castillo va la hermosa , donde no la hará dichosa de Abenámar el amor.
Y en pos de los dos esposos los dos amigos cortejos van unidos y vistosos para celebrar, gozosos, los preparados festejos.
Ya , de la pasada escena repuesto Hasán, marcha en calma con faz alegre y serena, llevando oculta su pena en lo profundo del alma. Las bodas se celebraron con inusitado brillo ;
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todos alegres gozaron ; sólo tristes se miraron dos almas en el castillo. La grata fiesta acabó ; el cortejo andaluz luego contento se despidió ? y el castillo recobró su misterioso sosiego.
III
Es el amor magnético ñuido que el alma humana por los ojos bebe , la embarga , y lleva su ponzoña aleve al corazón, que se le rinde herido. Fórmase en él su predilecto nido ; la sangre inflama que el latido mueve é inunda todo el ser , que deja en breve, á sus bárbaras leyes sometido. Ni yugo sufre, ni razón consiente, ni el temor le detiene, ni hay abismo que no salve, con fe siempre creciente. Encerrado en su pérfido egoísmo , sólo espera curar el mal que siente en la insana pasión del amor mismo.
42
LEYENDAS Y TRADICIONES
IV
Sintió de ese mal extraño Hasán la ingrata dolencia y se propuso en la ausencia hallar remedio á su daño. Se fué á la guerra y buscó en los combates la muerte , pero , piadosa la suerte su existencia respetó. Pasó el tiempo y no pasaba la dolencia que sentía porque el mal de quien huía consigo mismo llevaba ; siendo tal su aberración que, ya despierto ó soñando, estaba siempre mirando la causa de su pasión. Y, al fin, juzgando locura que la experiencia desmiente , al amor que el alma siente buscar en la ausencia cura ; sintió sus penas crecer y de la lucha vencido , como vuelve el ave al nido pensó al castillo volver. Allí , se dijo , extasiado mientras escucho su acento, si muero de sentimiento podré morir á su lado.
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Luego , resuelto, tomó en su caballo el camino y esclavo de su destino al Guadalerza marchó. Seis meses han transcurrido desde que Hasán lo dejara, y por coincidencia rara en ese tiempo ha sufrido Zoraida mal tan cruel, que por extraña manera se han trocado en flor de cera sus mejillas de clavel. Una nostalgia sombría dejó su pecho sin calma y tendió un velo en su alma de triste melancolía. No hallaba en su enfermedad alivio, paz ni reposo, y alejada de su esposo buscaba la soledad. Unicamente olvidaba aquel doloroso afán cuando del ausente Hasán alguna nueva escuchaba. Y Abenámar que notó aquel extraño cuidado, con el pecho destrozado amargos celos sintió ; y entre prudente y confuso acordó disimular su desdicha , y á esperar los sucesos se dispuso.
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LEYENDAS Y TRADICIONES
Así las cosas , un día
de Marzo , triste y lluvioso ,
cuando con rostro medroso
el sol su luz escondía ,
al Guadalerza llegó
un bien armado guerrero
que con acento altanero
á la poterna llamó.
Era Hasán , y al conocerle
sus antiguos servidores
por patios y corredores
todos salieron á verle.
Oyó Zoraida gozosa
la nueva de la llegada
y á un ajimez asomada
le saludó cariñosa.
Y cuando fué del saceso
Abenámar avisado ,
se sorprendió , contrariado
del imprevisto regreso.
Pero, prudente, ocultó
el enojo que sentía,
buscó á Hasán , fingió alegría
y en sus brazos le estrechó.
A Zoraida se reunieron ;
y en el castillo después
¡cuántos afectos los tres
ocultaron y fingieron!
Que en mentida confianza
moraban bajo su techo
con la borrasca en el pecho
y en el rostro la bonanza.
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V
Fué recobrando de Zoraida hermosa
la tez de nieve y rosa sus antiguos colores y alegría ; de Hasán al corazón volvió la calma ;
sólo creció en el alma de Abenámar la duda que sentía. Ya dormido soñara , ya despierto
por el contorno incierto de un horrible fantasma perseguido ciego y celoso se creyó burlado ,
por su hermano engañado y por la esposa que adoró vendido. Trocóse su carácter apacible
en brusco é irascible; velaron sombras su semblante adusto ; vió en Hasán un rival siempre en acecho
y herido del despecho trató á Zoraida con rigor injusto. Ella, infeliz, esposa sin ventura,
devoró la amargura que el contrario destino le ofreciera , viendo crecer el fuego miserable
de aquel amor culpable que en hora infausta por Hasán sintiera. Ya del trato del joven separada
en su cuarto encerrada
4G
LEYENDAS Y TRADICIONES
por orden de Abenámar residía, hiriendo el aire con lamentos vanos-,
mientras los dos hermanos se odiaban con más fuerza cada día. Tanto como Abenámar indiscreto ,
falto Hasán de respeto , con altiva fiereza se miraban, que si el uno de amor enloquecía ,
el otro se moría de los celos que el alma le abrasaban. Aumentaba de Hasán el sufrimiento ,
más que el propio tormento, la prisión de Zoraida, y atrevido, queriendo poner fin á sus afanes ,
iba tejiendo planes que burlaba la astucia del marido. Cansado al fin , sin freno ni cordura t
no hallando en su locura medio de hablar ni ver á la que amaba , al pie del ajimez donde vivía,
una noche sombría dulce guzla pulsó y así cantaba.
VI
Bellísima castellana en cuya frente lozana se refleja la mañana con su más preciado albor ;
FRANCISCO VAL VERDE Y PERALES 47
oye los cantos de amores
con que llora tus rigores
al pie de tus miradores
un rendido trovador.
Abre ya tu celosía
y escucha la guzla mía
que hará con dulce armonía
tu pecho de amor latir ;
óyeme, ninfa hechicera,
esbelta y gentil palmera,
cuya rubia cabellera
envidia el oro de Ofir.
Salga á calmar mi querella
de tus ojos la luz bella,
que no hay un sol ni una estrella
que compita con su luz ;
hurí de labio riente ,
hija del Betis luciente ,
rica perla del oriente,
maga del suelo andaluz.
Pluguiera no conocerte
cuando al dolor de no verte
aún puede añadir la suerte
otro tormento mayor ;
si al fin de mi amante empeño
ha de gozar otro dueño
las venturas con que sueño,
el morir fuera mejor.
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LEYENDAS Y TRADICIONES
VII
Llevó pausado el viento las suavísimas ondas de armonía que arrancaba del músico instrumento la mano que lo hería , y huyó, cruzando la región vacía, del tierno trovador el dulce acento. Reinó el silencio luego y en solemne reposo sumergido el castillo quedó ; letal sosiego sepultaba la vida en hondo olvido y nadie sospechara
que hubiera un ser entre sus negros muros
que de amorosas trovas se cuidara.
Mas, allá en los obscuros
huecos de un ajimez, blanca ñgura
fantástico contorno dibujaba,
dejando percibir, mal reprimidos,
sollozos de amargura,
que la canción, del pecho le arrancaba.
Y de una enhiesta almena
en la sombra velado, verse pudo,
dominando la escena,
un rostro torvo , descompuesto y mudo
que en largo acecho con afán seguía
cuanto al pie de la torre sucedía.
En los ángulos huecos
FRANCISCO VAL VERDE Y PERALES
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del solitario patio resonaron los misteriosos ecos
de los pasos de Hasán , que se alejaba,
del ajimez las puertas se cerraron
y el hombre que espiaba
en las altas almenas escondido ,
un profundo gemido
ronco, cual grito de salvaje fiera,
arrancó de su pecho cavernoso
y se hundió , silencioso ,
en la entrada de lóbrega escalera.
Pasó breve la noche,
y apenas en Oriente la mañana
tímida abrió su pudoroso broche
de rosicler y grana ,
cuando una trompa de marciales sones,
por expreso mandato del caudillo,
á la plaza desierta del castillo
llamó de la mesnada los peones.
Muy pronto congregados
se vieron descender por la pendiente,
de Abenámar regidos y guiados,
y no bien la corriente
atravesaron del cercano río
se detuvieron en el verde llano,
junto á una fuente que entre lirios brota,
y allí, con hábil mano,
un alarife delineó el cimiento
de una casa de bellas proporciones
cuyas robustas tapias y machones
en breve alzaron, con oculto intento.
Cuando vió concluido
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LEYENDAS Y TRADICIONES
su proyecto Abenámar, más humano, dió un instante sus penas al olvido, á la nueva mansión llamó á su hermano y allí, á solas, le dijo conmovido : — Sólo el recuerdo santo de la mujer piadosa
que amante y casta nos llevó en su seno,
pudo en mi pecho tanto
que á mi pasión celosa
sedienta de tu sangre puso freno.
Aún eras débil niño
cuando en el duro trance de la muerte
te estrecharon sus brazos con cariño,
y angustiada, temiendo por tu suerte,
volvió á mí su semblante moribundo
y, con voz que apagaba la agonía ,
me dijo: «Ya en el mundo
huérfano y sólo queda, tú, su guía,
faltando yo, serás y su consuelo;
mi tierno Hasán á tu cuidado fío ;
ampáralo, hijo mío,
y te dará su bendición el cielo.»
Cumplí fiel, y á tu vida
desde entonces mi amor he consagrado ;
tu conciencia, de cómo me has pagado,
respuesta, acaso, te dará cumplida.
Por nuestra santa madre te perdono
el daño que me has hecho ;
de hoy más , ahogado quedará en mi pecho
de mis amargos celos el encono.
Pero, nunca profanes
mi perturbado hogar con tu presencia
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ni provoquen mis iras tus desmanes ; aquí tu residencia tendrás lejos de mí, sin atreverte, ya te impulse el amor ó ya el hastío, á indagar los problemas de mi suerte , y piensa bien que encontrarás la muerte si cruzas la corriente de ese río. — Inmóvil y turbado
quedóse Hasán , sin proferir respuesta ; y al recobrar su natural estado, vió la grave figura del caudillo alejarse, subir la agreste cuesta y entrar por la poterna del castillo.
VIII
Creció en Hasán el tormento de aquel amor infinito cuando en su conciencia el grito se alzó del remordimiento. Presa de extrañas visiones en su retiro vivía entregado noche y día á tristes meditaciones. Pasaba el tiempo, y sus penas sólo se calmaban cuando se extasiaba contemplando del castillo las almenas; que á través de su locura
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LEYENDAS Y TRADICIONES
en ellas soñaba ver el rostro de una mujer de celestial hermosura. La noche le sorprendía en tan penosa ansiedad y en su negra obscuridad cual sudario le envolvía. No alcanzó poder bastante al tiempo la ausencia unida para restañar la herida de aquel corazón amante.
Y al fin , llorando su suerte, sintió de la vida tedio ,
sin hallar otro remedio
á sus males que la muerte.
Logró, mientras tanto, el alma
de Abenámar olvidar
sus celos, y halló en su hogar
si no la dicha, la calma.
Y en su condición mudable pensaba tan diferente, que ya juzgaba inocente
á la que creyó culpable. Halló Zoraida piedad en el ofendido esposo que le otorgó generoso la perdida libertad ; dando con esto ocasión al amor , que estaba alerta , á penetrar por la puerta que abriera la compasión. Hábil mujer, esgrimía
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sus gracias más seductoras
en cuyas redes traidoras
preso Abenámar vivía.
Nada en ella revelaba
de amor oculto el tormento
y él á su lado contento
del peligro se olvidaba.
Nunca , la bella, tomó
de Hasán el nombre en los labios
y el esposo sus agravios
á perdonar se inclinó.
Juzgó que sacar debía
á su hermano del destierro
en que purgando su yerro
un año pasado había;
pero, del mal conjurado
temió la vuelta , y dudó,
á tiempo que recibió
del Rey un pliego cerrado.
Yáhia, con frases que el miedo
dictó, — venid, le decía:
todo su poder envía
Castilla contra Toledo.
Corred, que en bélico apresto
arde la ciudad , ganosa
de abatir la enseña odiosa
del ingrato Alfonso sexto.—
Sintió Abenámar hervir
la sangre en sus venas, ñero,
tomó sus armas ligero
y se dispuso á partir.
Llamó á Osmán , viejo soldado ,
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LEYENDAS Y TRADICIONES
y así le dijo: — En mi ausencia, de tu valor y prudencia todo lo dejo fiado. Guarda el castillo, vigila á Hasán y á Zoraida cela ; de sus pasos, siempre en vela, Argos será tu pupila. Adiós; y ten la certeza que si la fe que te abona torpe ó infiel me traiciona , responderá tu cabeza.
IX
Partió el noble Capitán y á sus razones perplejo y aturdido quedó Osmán, porque el cariño de Hasán era la dicha del viejo. Le vió nacer, y á su lado huérfano luego creció , de dulces goces privado , y el fiel y rudo soldado cual tierno padre le amó. A su cariñoso celo debió Hasán en su mansión muchas horas de consuelo , que disipaban el duelo de su triste corazón.
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Siempre disculpar sabía
los más absurdos errores
en que el joven incurría ,
y de Abenámar tenía
por injustos los rigores.
Fué la imprevista mudanza
rayo de dulce esperanza
para el corazón de Hasán ,
que vió trocarse su afán
en aurora de bonanza.
Pintó con vivos colores
á Osmán su infeliz historia ;
le ponderó sus dolores ,
é invocó de sus mayores
la respetada memoria.
Aumentaba la violencia
de aquella pasión vehemente
del buen Osmán la imprudencia,
llevando á Hasán , con frecuencia,
nuevas de Zoraida ausente.
El mismo llegó á olvidar
el peligro que corría ,
y el joven pudo apreciar
que al seducirle, tenía
poco camino que andar.
Discreta y artificiosa
fué, mientras tanto, la hermosa,
explotando con cautela
la sencillez candorosa
de su viejo centinela.
Débil con Zoraida y blando
con Hasán, fué su indiscreta
5(5
LEYENDAS Y TRADICIONES
conducta, tal fruto dando, que concluyó tolerando una entrevista secreta. Llegó la noche esperada y Hasán , con paso seguro ? buscó, por senda excusada, cierto postigo del muro que al castillo daba entrada. Abrió, temblando, la puerta; en el patio silencioso penetró , con planta incierta , subiendo, al fin, cauteloso, una escalera desierta. Transcurrió, breve, un instante, cuando, por el lado opuesto, en un potro jadeante, trepaba el agrio recuesto un caballero arrogante. Al pie del muro llegó con el potro de la brida y al centinela llamó , que á una seña convenida la entrada le franqueó. El mismo Abenámar era que al entregarle el bridón le dijo, calla y espera; tomando sin dilación la entrada de la escalera. Sufrió, cuando estuvo ausente, tan pavorosos desvelos , que en su perturbada mente siempre llevaba presente
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES
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el fantasma de sus celos. Faltóle calma y aliento para sufrir el tormento de aquel bárbaro martirio y en alas de su delirio se ausentó del campamento. Quiso por sus ojos ver si la hechicera mujer que con el alma quería , sumisa estaba al deber ó perjura le vendía. Nadie vió por las calladas estancias cruzar su sombra , ni en las bóvedas cerradas dejó resonar la alfombra el eco de sus pisadas. Exploraba precavido en las tinieblas medrosas 7 cuando percibió su oído un vago rumor perdido de paleibras misteriosas. Creyó que á sus pies faltaba la tierra cuando avanzaba mudo , pálido y absorto , con paso trémulo y corto á donde el rumor sonaba. De un aposento la puerta traspasó, y á los distintos rayos de una luz despierta, sus ojos en sangre tintos vieron su desdicha cierta . Rugió como tigre fiero ;
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LEYENDAS Y TRADICIONES
en su mano poderosa
febril empuñó el acero ,
y al corazón de la esposa
dirigió golpe certero.
Hasán , con noble osadía ,
detuvo el brazo á su hermano ,
mientras turbada, sin guía,
la infeliz Zoraida huía
presa de delirio insano.
Subió la estrecha escalera
de una torre , siempre viendo ,
en fantástica quimera ,
detrás, sus pasos siguiendo,
al marido que vendiera.
A las almenas llegó
y cuando cerca miró
aquel fantasma celoso ,
saltó de la torre al foso
donde la muerte encontró.
Cuando huyó la infeliz mora ,
Hasán , con valor sereno ,
le dijo á su hermano : — Ahora
hunde la punta en mi seno
de tu espada vengadora.
Si sed de sangre te aqueja,
en mí venga tus agravios ,
que si tu mano me deja
sin vida , no habrá en mis labios
ni un suspiro ni una queja.
— Para saciar la sed mía ,
Abenámar respondía ,
hay poca sangre en tus venas ;
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES
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larga será tu agonía
como son grandes mis penas.—
Llamó la guardia y severo
llevó al aturdido mozo
á su mansión prisionero ,
asegurando primero
á Osmán en un calabozo.
Luego, por experta mano
y con aviesa intención ,
hizo grabar, inhumano,
una fúnebre inscripción
con el nombre de su hermano.
Llevóle á Hasán , diligente ,
la escrita piedra , y le dijo :
— Aunque tu amor no consiente
en que estés aquí , de fijo ,
que estarás eternamente. —
Salió , dejando cerrada
la puerta, y á la mesnada
ordenó con imperioso
acento, que sin reposo
fuera la casa enterrada.
Cumplióse con tal porfía
aquel feroz sacrificio
que cuando el sol se ponía
sólo un cerro se veía
donde estuvo el edificio.
Luego en la cumbre se vió
también un suplicio alzado
y en él su culpa expió
el buen Osmán, que expiró
inhumanamente ahorcado.
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LEYENDAS Y TRADICIONES
Mudo silencio y tristura en las gentes del castillo extendió la noche obscura , mientras tomaba el caudillo su caballo y armadura. Partió sin más compañía y á la luz del nuevo día vió, desde un monte cercano, que ya á Toledo ceñía el ejército cristiano. Falto de seso y cordura entrar quiso por la fuerte línea, y halló en su locura, en una lanza la muerte y en el Tajo sepultura (2).
Ja ®o**e ¿o la^^almut^ia
Hay en Córdoba una torre llamada de la Malmuerta cuyo origen se remonta á cinco siglos de fecha ,
62
LEYENDAS Y TRADICIONES
y á la cual dieron el nombre que, como entonces, hoy lleva en memoria de un suceso que á la gente cordobesa llenó de espanto y de luto según las crónicas cuentan. Reinaba el tercer Enrique en Castilla, y por su Alteza la noble ciudad regía un Conde de edad provecta , cuyo escudo , no heredado , con tenantes y cimeras de su dueño pregonaba el valor y las proezas. Jugó al veterano Conde el ciego amor mala treta y locamente prendado de Doña Clara de Herrera , joven que si cumplió quince los veinte mayos no cuenta ? casó con ella , olvidando aquel adagio que enseña que unión de viejo y de niña graves peligros encierra. Era la joven esposa tan recatada y honesta que nunca halló la malicia punto vulnerable en ella. Mas, como á un viejo marido bastan sus propias flaquezas para ver en todas partes celos, dudas y sospechas,
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES
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fueron en el matrimonio las dichas tan pasajeras , que si el alba las vió vivas la noche las lloró muertas.
II
Marchitas las rosas del semblante bello , rojas las pupilas del llorar sin cuento , perdonando ofensas que injustas la hirieron 7 la infeliz esposa, con amante empeño , le juraba al Conde, una vez y ciento ; que nunca turbaron su tranquilo pecho sombras ni fantasmas de impuros deseos. Sus frases sencillas , su rostro sereno do el candor rielaba como en limpio espejo 2 su voz persuasiva, su dolor intenso, eran para el alma
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LEYENDAS Y TRADICIONES
de su ingrato dueño disimulos torpes de pecados ciertos. Y el tiempo pasaba con rápido vuelo, y aquellos deslices, jamás descubiertos , tan hondo turbaron del Conde el cerebro , que, el freno perdido de humanos respetos, tan sólo anhelaba sacar del misterio la oculta, hasta entonces, razón de sus celos. Llegó á su noticia que al cabo del pueblo en calle apartada de mísero aspecto , moraba una vieja que en artes secretos trataba, encontrando, con mágico acierto , la clave escondida de ocultos sucesos. Envuelto en su capa, calado el sombrero, cuando ya tendía sus crespones negros la callada noche , penetró en silencio por el paso obscuro
FRANCISCO VAL VERDE Y PERALES
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de un portal estrecho solitario el Conde: se acercó resuelto á una angosta puerta , llamó y desde dentro — ¿quién es? preguntaron. — Soy un caballero que hablaros pretende , dijo aquél, y luego por la entrada lóbrega del postigo abierto penetró en la estancia ; cerraron de nuevo, y en silencio triste se quedó desierto el recinto obscuro del portal estrecho.
III
Conducido el Conde por la mano de negra criada , cuyo cano y motoso cabello de sus años la suma delata ?
llegó hasta una puerta á través de la cual se escapaba ,
con tenues reflejos,
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LEYENDAS Y TRADICIONES
acre tufo de cera quemada.
— Entrad , dijo aquélla , y esperad, que vendrá sin tardanza
mi dueña y señora. — Y alejóse , dejando cerrada
la- puerta, y el Conde
se halló en una estancia
de muros enanos,
de bóveda chata, revestida de negras bayetas
y en ellas pintadas toscamente, de negro y pajizo, calaveras y tibias humanas,
signos misteriosos , animales de formas extrañas,
inmundos reptiles , de beleño simbólicas plantas , y trepando , sutil y asquerosa , por do quiera, la vil salamandra. Cuatro velas de cera amarilla, humeando y ardiendo rehacias ,
la estancia medrosa entre luz y tinieblas dejaban.
Valiente era el Conde , mas, sintió, con visión tan ingrata, vacilar, de estupor, un instante, el sereno valor de su alma.
Repuesto ya y solo , sin temor á pueriles patrañas , fué leyendo los rótulos breves de redomas, y frascos, y cajas
que, en orden perfecto,
FRANCÍSCO VALVERDE Y PERALES 6*3
de paredes y techos colgaban.
Espinas de erizo , de la hiena feroz las entrañas, viboreznos de chatas cabezas, de la arpía la lengua y las alas,
ceniza del fénix, de la nutria los pies y la grasa ,
del caimán los sesos,
del tejón la garra , del mortal basilisco la cola , de la sierpe cabeza y escamas,
veneno de áspid
que súbito mata ,
del lince los ojos,
del ciervo la taba , del ahorcado la soga y las unas,
la piedra que guardan en su nido las águilas negras y del perro rabioso la baba.
Opio, belladona,
beleño, mostaza,
ruda, adormideras,
mandragora, salvia,
belesa, cicuta,
marrubios, algalia, hierba mora , romero , melisa ,
cebolla albarrana, con mil untos y filtros dispuestos por el arte y saber de la maga.
De improviso aquélla, cual si oculto poder la evocara,
se presenta al Conde
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LEYENDAS Y TRADICIONES
que paróse , suspenso , á mirarla.
Era una morisca de cetrino color, y en su cara
las huellas del tiempo muy visible dejaron su marca.
Túnica amarilla con simbólicas letras bordadas,
al talle sujeta por cintillo que sedas esmaltan ,
de mangas perdidas y arrastrando la cola, no escasa,
con negra coroza que el nevado cabello ajustaba,
tal era su traje; y en la mano varilla de plata, talismán de secretas virtudes, á un anillo con arte engarzada.
Sentóse en un trípode , murmuró misteriosas palabras y, hablad, dijo al Conde, la sibila propicia os aguarda.
IV
Se acercó el Conde altanero la mano puesta en la daga y, —sabed, dijo ala maga, lo que busco y lo que quiero.
FRANCISCO VALVEKDE Y PERALES 69
Yo aquí buscando he venido la verdad de cierto arcano , si la descubre esa mano sabré ser agradecido. Oro os daré á manos llenas : mas , si llegáis á engañarme , no ha de bastar á pagarme la sangre de vuestras venas. Casé con joven señora y desde aquel mismo instante sólo he visto en su semblante huellas de que sufre y llora. Aunque dice que me ama con mucha duda lo creo ; que no es feliz , bien lo veo por el llanto que derrama. Pero , me falta saber , y en eso estriba mi empeño , si tiene más grato dueño , que, al fin, mi esposa, es mujer. Decidme, pues, la verdad, que , feliz ó desdichado , quiero salir de este estado de dudas y de ansiedad. — Tomó un tazón la hechicera lleno de un líquido rojo en que nadaba á su antojo una astilla de madera. Luego, una vela amarilla de las que estaban ardiendo, entregó al Conde, diciendo: — Echad gotas en la astilla,
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LEYENDAS Y TRADICIONES
Y si llegáis á contar el número que imagino cuando en este pergamino yo un signo llegue á trazar, será favorable indicio, y así, contad con cuidado. — Mas, no bien hubo acabado la pitonisa su oficio cuando contó treinta y tres : — Basta, dijo la hechicera; propicio sobremanera el oráculo nos es. Sentáos junto á esta mesa de este espejo cara á cara y en él, de manera clara, veréis cuanto os interesa. Bebed este filtro ahora , y á su mágico poder, sabréis si vuestra mujer os engaña ú os adora.
V
Sentóse el Conde, y luego que el filtro hubo bebido fijó en aquel espejo mirada y corazón ; allá, en su limpio fondo se vió reproducido, sin que otra cosa alguna llamara su atención.
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Poco á poco sus miembros en laxitud creciente perdieron la energía de su calor vital ; sopor irresistible cayó sobre su frente, latiendo sus arterias con ritmo desigual. Sus ojos dilatados inmóviles seguían clavados en la luna de aquel espejo infiel ; objetos, luz y sombra reunidos confundían; todo pasaba ante ellos confuso y en tropel. Luego, en tranquila calma, como cadáver yerto, en lánguido colapso todo su ser quedó , en tanto que en su mente juzgaba ver despierto que el fondo del espejo más claro se mostró.
Y vió una rica sala cuyos objetos varios puertas y colgaduras creyó reconocer,
y cifras enlazadas en sillas y en armarios donde su propio nombre pudiérase leer.
Y una mujer hermosa también aparecía en lánguido abandono cabe gentil galán ; mentidas ilusiones que el filtro producía en el tenaz delirio de su celoso afán.
Y el Conde estremecido reconoció en la bella que así le traicionaba la esposa á quien amó , y en el apuesto joven que allí estaba con ella algún rostro, no extraño, que en otra parte vió. Tremenda sacudida sus nervios dispararon
ya libres del efecto de aquel filtro ruin ,
sus miembros lentamente la vida recobraron
y á su normal estado miróse vuelto al fin.
Todo cuanto en el sueño , por su desdicha viera ,
lo reputó por cierto , rugiendo de dolor ;
un repleto bolsillo dejóle á la hechicera,
corriendo á su morada cual ángel vengador.
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LEYENDAS Y TRADICIONES
Subió loco á la estancia de la infeliz Condesa que aún le esperaba , sola, rezando en un sitial; rezo que ahogó en sus labios la criminal sorpresa garganta y pecho heridos del rápido puñal. Pronto sembró el espanto el crimen inaudito que fué de boca en boca corriendo la ciudad; prendieron luego al Conde por tan atroz delito pidiendo al Rey castigo sin tregua ni piedad. El pueblo todo quiso rendir de amor tributo á la infeliz esposa que al seno de Dios fué, y nobles y plebeyos vistiéronse de luto hasta que sobre el crimen el Rey su fallo dé.
VI
No tardó el Rey Don Enrique en conocer la tragedia que arrebató en flor la vida á Doña Clara de Herrera , y queriendo de su celo en todas partes dar muestra, corrió á juzgar por sí mismo á un miembro de la nobleza que manchó su nombre y fama de tan criminal manera. iVrribó , tras breves días , á la ciudad cordobesa,
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7:;
y abierto, al punto, el juicio,
que abonaba su presencia,
examinados despacio
los testigos y las pruebas,
no habiendo duda ni sombra
que empañara la inocencia
de la infeliz Dona Clara ,
y visto que si fué muerta
por el Conde su marido
éste fué víctima ciega
de los celos , avivados
por artes de una hechicera ,
vengando así su deshonra
que, aunque en sueños, miró cierta;
presentes los acusados ,
dictó el Monarca sentencia.
A la morisca, culpada
de practicar magia negra,
siendo la causa del crimen ,
se la condenó á la hoguera.
Y al Conde le dijo el Rey.
— Vuestra esposa fué mal muerta ,
en castigo de tal culpa
hundiréis vuestra vivienda
y allanando los escombros
se alzará, á vuestras expensas
en el solar una torre ,
tan robusta como bella,
y será mudo testigo
que á las gentes venideras
contará vuestras desdichas
pregonando mi clemencia.
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LEYENDAS Y TRADICIONES
Y para que unidos vayan
estos sucesos á ella ?
se llamará desde ahora
la Torre de la Malmuerta (3).
Es una curiosa historia : tan sólo nos queda de ella una confusa memoria , un cerro junto al Mar bella y una inscripción mortuoria. Ya veinte siglos lejana va la fecha de mi cuento , cuando 7 frente á Baniana, el cerro prestaba asiento á la Iponombia romana. Octavio el mundo regía,
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LEYENDAS Y TRADICIONES
que á larga paz dió su nombre , el genio del mal dormía y á recibir al Dios Hombre la tierra se disponía. Pueblo Iponombia pequeño cuya frente cobijaba un cielo siempre risueño f la vida en él resbalaba como delicioso sueño. Moraba allí la doncella Vibia, de sangre patricia , muy celebrada por bella , aunque nunca fué propicia fortuna en bienes con ella. Pasó sus años mejores oyendo el ruego importuno de rendidos amadores , sin que lograra ninguno el premio de sus favores. ¿No amaba Vibia? Sí amaba; mas, cuidadosa el secreto de su cariño guardaba, que era un esclavo su objeto y amando se deshonraba. Tito, que siervo nació, robaba su pensamiento; hacerle libre soñó , mas, era pobre, y su intento nunca de sueño pasó. Marchita ya su belleza y loca de amor, al cabo hizo , con brava entereza ,
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renuncia de su nobleza y esposa fué del esclavo. Mas, pronto su aberración lloró Vibia arrepentida, que en su marital unión quedó sierva de por vida y esclava su sucesión . Su dolor no tuvo igual cuando del amo brutal conoció el bárbaro empeño de ser, á su antojo, dueño de su lecho conyugal. Invocó la ley en vano ; que el legislador romano tan inicuas las hacía, que el siervo allí no tenía ni la condición de humano. Sintió de la vida horror y en su altivez, digna esposa, quiso morir con valor antes que mancha afrentosa cayera sobre su honor. Llegó la noche callada y al irse con Tito al lecho , dándole ejemplo esforzada, exclamó , hiriéndose el pecho , ¡ Muera Vibia y muera honrada ! Al verla Tito morir sintió radical mudanza , nueva luz miró lacir, y dijo: —¿por qué sufrir, si así libertad se alcanza?—
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LEYENDAS Y TRADICIONES
Besó luego el rostro inerte
de Vibia , tomó sereno
el puñal que la dió muerte,
tu suerte, dijo, es mi suerte,
y lo sepultó en su seno.
El pueblo, á piedad movido,
dió á los dos un solo entierro,
y tan respetado ha sido
que aún vemos al pie del cerro ,
en viva pena esculpido,
un letrero singular
que sus nombres acredita,
y hoy, la fosa y el lugar
se llaman : La Piedra Escrita
y el Cerro del Mtngitillar (4>.
I
Ven, siglo décimoquinto, el de los grandes portentos , tú, que á mi Patria dejaste, en uno y otro hemisferio de glorias y de riquezas inventario tan extenso que la vida de tus hijos fué corta para leerlo; ven á ver cuán miserable expira tu tercer nieto que ni aun deja lo preciso para pago de su entierro.
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LEYENDAS Y TRADICIONES *
No esperes que le amortajen
á guisa de caballero
con cincelada armadura
y guantelete de hierro
sujetando la ancha espada
á lo largo de su cuerpo.
Ni oirás de sordos clarines
notas que rasguen el viento,
ni crujir de roncos parches ?
ni tronar de bronces huecos.
Llevará á la sepultura
ceñido traje flamenco ,
flor al ojal, abanico
y coleta de torero.
De golfos y de chulapas
]e seguirá gran cortejo
cantando El Santo de hidra
y La Vuelta del Vivero.
Echado en la común fosa
mi Patria , por mausoleo
le dará , mofa y olvido ,
maldiciones y desprecio.
Ven , tú , siglo de las glorias ,
y de los hermosos cuentos
que anécdotas y noticias
nos guardan de tus guerreros ,
uno dime, que entretenga
la sed que siente mi pecho
de cosas grandes, que hoy busco
y en ninguna parte veo.
De aquel valeroso y noble
Conde de Cabra , que al cuello
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de Boabdil echó en Lucena la cinta del prisionero , refiéreme por qué causas en un castillo sujeto , por largos meses , le tuvo otro magnate, que luego no acudió á dar del agravio satisfacción en el reto. ¿Fué felón aquel magnate? Ni lo afirmo ni lo niego ; que los felones han sido fruto de todos los tiempos , aunque en tus gloriosos días eran , por fortuna , ellos tan escasos ? como han sido en otros siglos los buenos.
II
Capitán acreditado de valiente y aguerrido , de la envidia corroído ? de la soberbia picado ; nada celoso en guardar del honor el santo fuero , dicen que fué el caballero Don Alonso de Aguilar. Gozar el favor del Rey y en la andaluza comarca no encontrar Feudo ni Marca
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LEYENDAS Y TRADICIONES
que no sufriera su ley, fué de su insana ambición el más halagado sueño , que , á veces , hizo pequeño y falso su corazón. Frontero de sus estados, deudo suyo y gran caudillo, ele inexpugnable castillo tras los muros almenados, un digno Conde moraba , espejo de la nobleza , cuyas glorias y riqueza el de Aguilar envidiaba. Conde amado de su grey , de los grandes respetado y de mercedes colmado por la voluntad del Rey. Un nuevo favor real acreció su valimiento sumando un nuevo tormento á su vecino y rival , que , despechado y celoso , por envidia de tal gloria , manchó su nombre y su historia con un hecho deshonroso. Del bravo Conde heredero, de caballeros dechado , sin segundo en lo esforzado , en gentileza el primero , ora Don Diego ; un doncel que de la sangre agarena , hizo, más tarde, en Lucena,
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alfombras ¿i su corcel. A este varón singular , con estudiada perfidia, hizo blanco de su envidia el rencoroso Aguilar ; 6 invitándole , traidor , á su fortaleza un día, donde una fiesta se hacía de otra persona en honor; le sentó á su mesa, y luego , como un bandido ruin, en la sala del festín hizo prender á Don Diego. En una torre encerrado, por largos meses, le tuvo, hasta que, á su antojo, obtuvo promesa del secuestrado de darle compensaciones si en libertad le ponía; cuantas Aguilar pedía con especiosas razones ; jurando el buen caballero que, si á su pacto faltaba, á retornar se obligaba al castillo prisionero.
III
Allá en la rica Baena y en una lujosa estancia
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LEYENDAS Y TRADICIONES
de aquel castillo , que mira á sus pies volar las águilas, sobre un sillón de respaldo, que entre primorosas tallas ostenta en altos relieves las nobilísimas armas de los Fernández de Córdova, reposa el Conde de Cabra. Su brazo diestro, doblado, en el del sillón descansa y apoya la noble frente sobre la rugosa palma. Ropilla de luto viste, y las sombras de su cara dicen bien, cuán tristes sean los pesares que le embargan. Pensando está en aquel hijo, gloria y honor de sus canas, que preso en obscura torre un miserable maltrata , cuando, abriéndose la puerta, vió , con sorpresa que arranca dos lágrimas á sus ojos, á aquel hijo de su alma , sano y libre, que á su cuello los fuertes brazos enlaza. Contó , Don Diego , á su padre de aquella su prisión larga detalles, que el noble viejo oyó trémulo de rabia, y al conocer el rescate que, con mengua de su casa,
FRANCISCO VAL VERDE Y PERALES
por dejar libre á su hijo Don Alonso le reclama, y el sagrado juramento y la solemne palabra que exigió al joven cautivo de retornar, sin tardanza, á la prisión, si aquel pacto el Conde no cumple y guarda; alzó sentida protesta de la conducta villana del de Aguilar, y la expuso ante el trono del Monarca , para que la real justicia árbitra fuera en su causa. Examinó el Cuarto Enrique las pruebas de la demanda y declaró nulo el pacto , relevando, por su gracia, del juramento á Don Diego , que sin volver al Alcázar de Aguilar, cobró su honra de caballero sin tacha. Ya libre, Don Diego, y suelto de compromisos y trabas , acudió como valiente al terreno de las armas , escribiendo sus agravios en el hierro de su lanza , donde lavarse pudieran con sangre de las entrañas de aquel felón, su enemigo, á quien con un paje manda
LEYENDAS Y TRADICIONES
un cartel de desafío
donde de infame le trata
y á fiera lucha de muerte
en campo neutral le emplaza.
Llegó á noticia del Rey
el nuevo giro que daban
aquellos nobles inquietos
á discordias , que las plazas
fronterizas dividían
con peligro de la Patria ,
y bajo terribles penas
de deshonor y de infamia
les prohibió que en los dominios
á donde su cetro alcanza ,
ni en ciudad ni en campo yermo ,
para reñir se juntaran.
No desmayó el de Baena,
y buscando tierra extraña
donde luchar, fué á pedirla
al Rey moro de Granada/
Muley Hacén, que á tal ruego,
vino pronto en otorgarla
en su corte, señalando
para una fecha cercana
la celebración del reto ;
y luego , por nueva carta ,
hizo al de Aguilar Don Diego
saber cómo le esperaba,
en el convenido día ,
ante la corte africana,
bajo el asilo seguro
de la regia salvaguardia.
FRANCISCO VALVEKJJE Y PERALES
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IV
— Sultana de Andalucía que Muley Hacen adora, prez de la caballería ; ¿por qué galas, á porfía, hoy viste tu corte mora? ¿A qué festejos, no oídos, tus damas y caballeros, de seda y oro vestidos , se encaminan, asistidos de esclavas y de escuderos? ¿Por qué dejan su morada tus augustos soberanos? — Es que se apresta Granada á ver la lid, concertada, entre dos nobles cristianos. — Corre la lucha á admirar toda la corte agamia , disputando , sin cesar , unos, por el de Baena, otros, por el de Aguilar. Del palenque en derredor tal el concurso derrama joyas, cintas, luz, color, que parece que se inflama de un sol de Agosto al calor. Toman , en rico tablado ,
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LEYENDAS Y TRADICIONES
los Jueces del campo asiento ; llega el momento esperado , y el público lanza al viento un murmullo prolongado. Cesa el rumor ; los Sultanes por rica tribuna, asoman 7 de bordados tafetanes , saludan, y asiento toman sobre mullidos divanes. Un clarín bélico suena ; la plaza gana de un salto el adalid de Baena y á galope corto y alto corre la cercada arena. Su brava y noble apostura muestra en el galán paseo , mientras su rica armadura quiebra del sol la luz pura con vivido centelleo. Negro el caballo , aplomado de remos , de ancas crecido , ancho el brazo y descarnado , terso el vientre y recogido ? liso el casco y acopado. Andaluz , de sangre ardiente , alto y enarcado el cuello , ojos vivos , ancha frente 9 lanzando en gruesa corriente sus ollares el resuello. Tiende la crin desdeñosa al céfiro que la riza , y con fuerza poderosa
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES
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gira en los pies y entra en liza con vuelta viva y graciosa. Alta en el ristre la lanza, el acicate al castigo dispuesto, busca y no alcanza, Don Diego , á ver su enemigo ni se explica su tardanza. A un paje suyo mandó que al de Aguilar llame á voces, y aunque sonora vibró corriendo en ondas veloces , nadie á la voz respondió. El concurso , ya impaciente , mostraba su descontento ; sonaba la voz potente repitiendo el llamamiento , sin que llegara el ausente. Ya, tras un monte lejano, ocultaba el sol su fuego, cuando en el palenque, ufano, entró un paje de Don Diego con un retrato en la mano. Era la imagen copiada de Don Alonso , que atada á la cola del bridón , fué luego , sin compasión , por el palenque arrastrada. Levantó sordos rumores el deshonroso castigo entre los espectadores , que allí, de muchos seflores era Don Alonso amigo;
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LEYENDAS Y TRADICIONES
y á poco , en caballo flero ,
un valiente abencerraje
saltó la valla ligero,
vengar queriendo el ultraje
del ausente caballero.
Disputas, que el aire encienden ,
se traban ; las damas gritan ;
Sultán y Jueces se ofenden ,
y guardias, que el choque evitan,
al bravo guerrero prenden.
El Rey fulminó indignado
sentencia contra el intruso
que sus leyes ha violado ,
y que muriera dispuso
allí mismo degollado.
Ya la sentencia cruel
iba á cumplirse , y Don Diego ,
bajando de su corcel,
logró el perdón, con su ruego,
del valeroso doncel.
Los Jueces fallo dictaron
en la lid, no consumada,
y por leyes que invocaron ,
á Don Diego declararon
vencedor en la jornada.
Diéronle en un pergamino
copia notarial del fallo ;
besó del Rey granadino
la mano, y en su caballo
tomó de vuelta el camino.
Llegado á su fuerte villa
hizo que nadie ignorara
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES
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en el reino de Castilla , cómo lavado quedara de su pasada mancilla. V aquí, del noble Aguilar, decir se debe, en conciencia, que si el hecho de negar al reto aquel su presencia nunca supo disculpar, fué de bravura notoria; y en las guerras con el moro tan invicto, que la Historia erigió en letras de oro un monumento á su gloria. Tras mil hazañas, murió luchando, en triste jornada, Sierra Bermeja le vio rodar con aquella espada que tantas vidas costó (5).
i
Allí, coronando
la cumbre del cerro ; de murallas cercada y de torres que deshace la huella del tiempo , deja ver la vetusta almedina la alta torre de gótico templo
y á su lado , humildes , las techumbres de viejo convento ,
y torres fornidas ,
y muros deshechos de un antiguo castillo que supo abatir á dos Reyes el cetro. (6) Ancha torre , que al cauce profundo
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LEYENDAS Y TRADICIONES
del Marbella se asoma con miedo ,
por un viejo arco , al cerrado recinto da acceso,
y bajo la bóveda,
del muro en un hueco, ele la Virgen se ve con su hijo una imagen pintada en un lienzo.
El nombre dulcísimo á la Virgen le dan del Consuelo,
pero , nadie sabe
quién allí la ha puesto ,
ni quién fué el artista
que á su rostro bello animó de la gracia y ternura con que mira piadosa á su pueblo.
¿Queréis que os relate con sencillos y fáciles versos
de la santa Virgen la leyenda, que guarda el misterio?
Pues bien, escuchadme,
que ya bullir siento en mi mente, de tiempos pasados, mil confusos y vagos recuerdos , y evocada por santos conjuros , que inspiraron al bardo sus sueños ,
una vaga sombra á mi oído se acerca en silencio y en voz baja , que yo solo escucho , me refiere la historia que os cuento.
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II
Del mahometano alcaide de Baena en el harem, que los eunucos guardan ,
se agitan bulliciosas
y alegres las esclavas.
De un baño de alabastro , como Venus saliendo de las aguas,
una hermosa doncella ruborosa y desnuda se levanta.
Sobre su cuerpo vierten
perfumes de la Arabia :
con cendales de lino cubren sus carnes , como nieve blancas ,
y con joyantes sedas , de bordados en oro recamadas ,
la visten cuidadosas
á la morisca usanza. Dobles collares de irisadas perlas
ciñen á su garganta ;
al desnudo tobillo aros ajustan de luciente plata,
y al brazo, áureas ajorcas
de rica filigrana.
Es una nazarena
á sus padres robada
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LEYENDAS Y TRADICIONES
que cual rico presente al harem se destina del Monarca.
La luz del nuevo día la encontrará camino de Granada ,
porque el baenés caudillo gran recompensa de su Rey aguarda.
Triste está la doncella,
amargo llanto empaña
los cristales purísimos
de sus ojos de garza , que entre rubor y espanto verá pronto bárbaramente su pureza hollada.
Su espíritu batiendo de la oración las impalpables alas
se eleva al cielo y dice: — ¡Oh Virgen del Consuelo sacrosanta!
tú, pura entre las puras, libra mi cuerpo de lasciva mancha y á tí será mi virginal pureza
por siempre consagrada. —
Mira , y se encuentra sola
en la lujosa estancia ; de rodillas y en cruz vuelve á su ruego ,
cuando una hermosa dama
á ella llega y le dice :
—Ya es hora de que partas ;
sigúeme que te esperan. — Levantóse , temblando , la cristiana y de aquella mujer, que parecía morisca por su traje y por su cara ,
siguió , muda , los pasos ,
admirando la gracia
FRANCISCO Y AL VERDE Y PERALES
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con que á su cuerpo se plegaba el trajo
de transparentes gasas.
En pos una de otra atraviesan las puertas del Alcázar
y siguen luego juntas una calle pendiente y solitaria ,
hasta dar en la torre
que al recinto da entrada.
Rendida al sueño encuentran
la numerosa guardia ; sin ser vistas descienden hasta el valle ;
la matrona se para y á la cristiana dice: —Ya estás libre; mira á la luz que reverbera el alba
por el blanco camino
que de la sierra baja,
cómo hacia aquí se acerca
un escuadrón de lanzas ;
es del tercer Fernando
la temida vanguardia : corre á su encuentro, pero no me olvides, que mi dulce consuelo nunca falta
á las almas piadosas
que de veras me llaman. — Despareció la dama como niebla
que el aire manso arrastra
y retornó la joven
pura y libre á su casa. Conocido el milagro de la Virgen } cuando al moro la villa fué tomada bajo del arco que pasar la viera el lienzo se fijó que la retrata ?
08 LEYENDAS Y TRADICIONES
y aun parece que brotan de sus labios aquellas sacratísimas palabras con que brinda consuelo al que humilde la llama.
I
Allá, donde al tíur Meaban en la región cordobesa de las feraces campiñas las onduladas praderas ,
ICO
LEYENDAS Y TRADICIONES
alza su mole rocosa una gigante cadena de montañas azuladas , cuyas atrevidas crestas suben á sacar el rayo del seno de las tormentas. Trepando penosamente por las abruptas laderas sube del valle á la cumbre una pedregosa cuesta , hasta dar en una villa que en escondida meseta, de altivas rocas cercada , perezosa se recuesta como coqueta odalisca que harem misterioso encierra. Del pueblo á corta distancia sobre un risco que bordea el escabroso camino álzase una cruz de piedra , con larga inscripción grabada , que las hazañas recuerda de una mujer valerosa, de aquel Par de Francia émula , iíoldán, por el que llamaron Roldana también á ella. Más allá 7 sobre la cumbre de un peñasco que rodean abismos, que al que los mira hacen perder la cabeza, se eleva un fuerte castillo, atalaya y centinela,
FRANCISCO VAL VERDE Y PERALES
donde la graciosa villa tiene segura defensa. Es Luque rica y famosa en historias y leyendas , cuyos valientes caudillos fueron los Egas Venegas , que con Roldarles y Ayalas , Arrebolas y Valeras , Jurados, Porras y Ortices mantuvieron siempre enhiestas, siglo tras siglo, en la altura de sus invictas almenas , contra el poder mahometano las cruces de sus enseñas. Nació de los Arrebolas una bizarra doncella que inmortal hizo su nombre con sus ínclitas proezas , probando, heroica, que en Luqi según las historias cuentan , al valor de los varones no van en zaga las hembras.
II
Aún no mediaba su curso el siglo décimotercio cuando las gloriosas armas del Rey Fernando Tercero ,
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LEYENDAS Y TRADICIONES
después de ganar á Córdoba , de triunfo en triunfo corrieron desde la margen del Betis hasta los riscos luqueños. La Cruz extendió sus brazos sobre castillos y pueblos que bajo el poder muslime cinco centurias gimieron. Cabra, Porcuna, Baena, Morón , Aguilar, Zuheros, Osuna, Lucena, Rute, Castro, Luque y Hornachuelos, se despertaron cristianas si moriscas se durmieron. Tanta gloria y tal fortuna, si á los cristianos dió alientos , el odio y sed de venganza desbordó en los agarenos , que no bien de sus derrotas se contemplaron rehechos , sobre los pueblos llorados, do sus hogares perdieron, tornaron , con nuevos bríos , y aunque no siempre su esfuerzo logró rendir la bravura de los alcaides fronteros , alguna vez dió la suerte á sus empresas el éxito. Tocó á Luque tal desdicha y al yugo musulmán vuelto, aún resistió por un siglo en su inexpugnable asiento
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES 103
de los valientes cristianos los reiterados asedios. Amaneció , al fin , un día en que con lucido ejército _ fué sobre la villa heroica el Rey Alfonso el Onceno , y entre la brava cohorte de cristianos caballeros que al buen Monarca seguían á la batalla dispuestos , marchaba una rica hembra, un bravo potro rigiendo 7 empuñando fuerte lanza, y sobre la espalda suelto , escapándose del casco , flotante y rubio el cabello. Era Isabel de Arrebola , cuyo valor y denuedo en cien reñidos combates fué de varones ejemplo. Con un Capitán casada prefirió siempre al sosiego del hogar, la pesadumbre de los marciales arreos , y en las peligrosas luchas unida á su esposo y dueño morir, si el caso llegaba , á su lado combatiendo. Rivalizó la Roldana con los más bravos guerreros en el asalto furioso de aquel castillo soberbio ,
8
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LEYENDAS Y TRADICIONES
hasta lograr su rescate , de sangre á subido precio. Quiso el magnánimo Alfonso poner tal joya á cubierto de ataques de la morisma , y mejorando sus medios de defensa, guarnecióla de numerosos arqueros , con caudillos que juraron defenderla como buenos , y á los que colmó el Monarca de dones y privilegios. Quedó la Roldana en Luque con su esposo , y allí término } con la corona del mártir , puso á su ínclitos hechos.
III
Negaba ya sus fulgores á los escondidos valles el sol, corriendo á Occidente, en una apacible tarde de la alegre primavera , de esas cuyo influjo hace llegar á nuestros sentidos con fuerza más penetrante los aromas de las flores, la música de las aves,
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los murmullos de las fuentes y los rumores del aire , cuando , dejando de Luque los seguros baluartes, un grupo de caballeros salió alegre á solazarse por las amenas orillas de floridos olivares , hasta llegar á una fuente que á corta distancia nace. Isabel iba con ellos , sin que ninguno pensase en peligros , cosa propia de mujeres y cobardes. Sentáronse descuidados á la cristalina margen de la fuente , cuando atónitos , vieron que en rápido avance se les acercaba un grupo de osados jinetes árabes. Embargó el peligro en ellos todo generoso arranque y huyendo cobardemente , sin esperar nadie á nadie , perseguidos de los moros que les iban al alcance , lograron los caballeros llegar á Luque y salvarse. Cansada, Isabel, y sola, impedida de su traje, se ocultó tras unas peñas: pasó la taifa adelante
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LEYENDAS Y TRADICIONES
sin verla, y ya se creía salvada , cuando el herraje de un caballo , le dio aviso de que los riesgos del lance aún duraban para ella , y á poco ? miró acercarse al sitio donde se hallaba, un moro de mal talante que, al verla, refrenó al bruto y desnudando el alfanje de dos tajos , . ambos pechos , entre torrentes de sangre, cortó á la infeliz cristiana con ferocidad salvaje. Intentó, de un tercer golpe, el noble cuello segarle , y ella, burlando el intento, saltó ligera , y ganándole ; la lanza, la hundió con furia en el pecho del alarbe , que, como de un rayo herido, á sus pies rodó cadáver. Tomó la rienda al caballo y caminó , desangrándose , hasta llegar al castillo donde entró , ya vacilante , y á poco , cayendo en tierra , libre de su humana cárcel , á las regiones empíreas voló el alma de la mártir. Así murió la Roldana; y la tradición añade,
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que los menguados amigos que en el peligroso trance la abandonaron } sintieron , de por vida , las tenaces garras del remordimiento en su conciencia clavarse. La historia dice sus nombres ; mas, bueno será callarles , que á castigar tales hechos es el silencio bastante (7).
I
De Córdoba en la frontera y á Granada ya vecina , donde la morisma impera , hay una villa altanera sobre una fuerte colina. Galas ostenta y primores de naturaleza y arte ) paisaje rico en colores , fuentes de dulces rumores y temible baluarte. Por las quebradas saltando de su vega fresca y bella , cañas y flores besando,
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se desliza , murmurando , el apacible Marbella. Tiende por la sierra hermosa , que á su frente se dilata , la vid su pompa frondosa y la oliva viste airosa manto de esmeralda y plata. Cual iris rico en colores , su campiña placentera brilla cubierta de flores bajo los vivos fulgores que su cielo reverbera. En la altura reclinadas sus casas, como palomas blancas , limpias, perfumadas, aspiran , del sol bañadas , de sus huertas los aromas. Y en la cumbre más erguida , de fuerte muro cercada y de mil torres guarnida > alza su frente atrevida la almedina respetada , y el castillo poderoso con sus puentes levadizos, invicto siempre y glorioso , terror del bando ominoso de los moros fronterizos ; que nunca en sus algaradas osan llegar á la villa, que en sus armas blasonadas tiene , del moro en mancilla , cinco cabezas cortadas.
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Signo de sus campeones, por muros y torreones álzase la Cruz triunfante , en amenaza constante de los moriscos pendones. Y si baten los guerreros de la bandera cristiana á los alcaides fronteros, siempre tiñen sus aceros con la sangre musulmana. En una noche sombría } cuando en los quietos hogares la villa toda dormía , el castillo disponía sus aprestos militares. De improviso, rechinando, cayó el puente con estruendo , y silenciosa marchando , fué la mesnada saliendo y en la Placeta formando. Cerróse luego el rastrillo y la gente congregada , á la voz de su caudillo , dejando atrás el castillo, rompió la marcha, callada. En breve traspasó el muro de la villa de Baena, y, de la noche en lo obscuro , tomó , con paso seguro , el camino de Lucena. Ya la tierra se alegraba con los fulgores divinos
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LEYENDAS Y TRADICIONES
que el bello sol derramaba , cuando la hueste llegaba á los campos lucentinos.
Y á sus claros resplandores dejóse ver la hermosura
de los bravos corredores , y el brillo, temple y colores de su traje y armadura. Rompen marcha los primeros , con bizarra gallardía , rail osados mosqueteros , cuyos disparos certeros llevan la muerte por guía.
Y les siguen, arrogantes, cuatrocientos caballeros sobre corceles pujantes, en cuyas armas brillantes se parte el sol en luceros. No bien pisan atrevidos de Lucena los confines cuando rumores perdidos llegaron á sus oídos
de belicosos clarines. Dan al viento su bandera , y el rumor , que suena lejos , lleva su planta ligera al valle de Algarinejos , del Genil en la ribera , donde en rudo batallar la granadina falange de Boabdil y de Aliatar hace á la Cruz vacilar
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con los golpes de su alfanje. Llegan al campo sangriento los baenenses escuadrones y con ímpetu violento arrollan con ardimiento los granadinos pendones. Tintos van en sangre roja , y aunque de coraje ruge el bravo alcaide de Loja y á contenerlos se arroja, no pudo tener su empuje. Ni á resistir las descargas que los cristianos mosquetes lanzan , en hileras largas 7 bastan las finas adargas de los árabes jinetes. Pierde la vida Aliatar bajo el terrible mandoble de Don Alonso Aguilar , y el Genil se llevó al mar el horrible cuerpo inmoble. Lucha Boabdil con fiereza , y aunque de cerca seguido por la morisca nobleza , es, con heroica firmeza, por los cristianos batido. Mira su escuadrón preciado, en confuso desconcierto , por todas partes cercado , y en lance tan apurado cayó su caballo muerto. Sólo le resta la vida 9
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LEYENDAS Y TRADICIONES
carga que quizás le pesa ,
y siguiendo la escondida
ribera que el Genil besa ,
salvarla quiso en la huida.
Mas , no bien la marcha emprende
por un oculto sendero,
un cristiano le sorprende ,
que á sus súplicas no atiende
y le lleva prisionero.
De rico botín cargados
y de laureles ganados
en lid , do vencer supieron ,
á su castillo volvieron
aquellos fuertes soldados.
Y el Monarca granadino
trocó la mansión serena
de su alcázar peregrino
por un torreón mezquino
del castillo de Buena. (8)
II
Miraba desde su torre el Rey Boabdil , con tristeza ? de Martos y de Alcaudeté las azules cordilleras que la suspirada vista de su Granada le vedan ; al lado opuesto el paisaje de las campiñas extensas , ,
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES
1 1 5
lienzo gigante á que sirve de marco Sierra Morena , y á sus pies el hondo valle que fertiliza el Marbella. Indiferente y sombrío la augusta mirada lleva de un lado al otro sin darse razón de lo que contempla. Dió en su causa la fortuna tan veloz y dura vuelta que aún no sabe si es cautivo , ó si con prisiones suena. ¿Cómo en tan menguadas horas pudo rodar su grandeza desde la encumbrada Alhambra al castillo de Baena? Ayer Príncipe temido de los creyentes , y hoy presa de un infiel, que en una torre como á siervo le sujeta. Miraba el Rey una tarde , desde un ajimez, la puesta del sol, que en ópalo y grana teñidas las nubes deja, cuando fijando los ojos en un jardín que rodea con verde y angosta cinta la torre donde se encuentra , vió , que cogiendo unas flores de olorosa madreselva , muy cerca de sí tenía una joven hechicera ?
11*5
LEYENDAS Y TRADICIONES
cuyas delicadas manos , de rayos de luna hechas , con envidia contemplaban las vecinas azucenas. Fijó la vista, al acaso, en el ajimez la bella y al notar que el Rey la mira bajó pronta la cabeza intentando retirarse , cuando aquél le dijo: — Deja, nazarena , que mis ojos un instante más te vean. Xo aumentes las amarguras de un alma que llora ausencias y que desde que te ha visto es dos veces prisionera. Alah , sin duda , te envía para alivio de mis penas y de tus hermosos ojos las abrasadoras flechas han penetrado en mi alma que ya tuya se confiesa. Ámame , cristiana hermosa , y cuando á mi trono vuelva , Boadil será esclavo tuyo y tú de Granada Reina. — Mirando al Rey compasiva la preciosa nazarena quiso hablar, pero no dijo una palabra su lengua; en tanto que de sus ojos desprendiéndose serenas
FKANC1SCO VALVEKDE Y PERALES 117
rodaban , una tras otra , sus lágrimas á la tierra. Guardó silencio el cautivo ; cruzó del jardín la puerta la cristiana , silenciosa , y la noche, que sus negras sombras ya tendiendo iba , dejó en misterio la escena. En vano buscó en el sueño Boabdil á sus males tregua que el amor y las desdichas le persiguen y desvelan. Medió la noche y cansado de contar las horas lentas ; cuando ya en todo el castillo tan sólo la guardia vela, á la ventana se puso y vió ? que en otra frontera una luz se reflejaba á través de las espesas y cerradas celosías ; y pensando que tras ellas alguien, sin duda, velaba, surgió en su mente la idea de que allí, por dicha suya, y á su recuerdo despierta , estaba , llorando ¿i solas , la hurí de las madreselvas. Tomó su guzla de oro , pulsó las delgadas cuerdas , y así le cantó á la hermosa , con voz de ternura llena.
118
LEYENDAS Y TRADICIONES
III
Azucena— de Baena (9) abre tus hojas al sol del día;
desdeñosa — nazarena abre á mi canto tu celosía ; abre sultana del alma mía.
Sultana hermosa de los jardines ; ramo de mirra, tazón de flores, bajo la huella de tus chapines nacen rosales, mirto y jazmines; en cuyas ramas llenas de olores hacen su nido los colorines, duermen los genios de los amores y buscan sombra los serafines. ¿Dónde hay belleza de criatura que se compare con tu hermosura?
Tienes el cuello airoso
de la paloma,
y el aliento oloroso
como el aroma ;
tus ojos puros
son ojos de gacela
dulces y obscuros.
Cristiana bella,
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES 119
por ver un rayo de tu mirada, sentir tu aliento, seguir tu huella,
yo te daría el mejor carmen de mi Granada, mi mejor torre de Andalucía.
Sultana, hermana de las huríes que los jardines del cielo moran, tus dos mejillas son carmesíes como granadas que se coloran ; tus labios rojos como rubíes, y me parecen cuando sonríes los dientes puros que en sí atesoran corderos blancos entre alhelíes. ¿Quién es el hombre que te merece? ¿Quién la que hermosa te se parece?
Tu cintura es esbelta
como las palmas ,
tu cabellera suelta
red de las almas ;
suave tu acento
como el rumor del agua
y el son del viento.
Cristiana hermosa , de tus cabellos por solo un rizo , por tu sonrisa más desdeñosa ,
yo te daría mi castillejo más fronterizo , mi mejor puerto de Andalucía.
y
120
LEYENDAS Y TRADICIONES
Si tú admitieras, linda cristiana, las verdaderas creencias mías , á mi suntuosa corte africana como mi esposa me seguirías. Tendrías fiestas todos los días, sortija y toros cada semana, y en mis palacios habitarías de mis vasallos como sultana. ¿Quién no te hablara puesto de hinojos? ¿Quién en tí osara poner los ojos?
Garza sobre una pefia
mal anidada,
ven conmigo á ser dueña
de rni^Grranada.
Vuela sin ruido ,
las torres de la Alhambra
serán tu nido.
Bella cristiana , si te vinieras á ser mi esposa, para que fueras sola y sultana,
yo te daría , para tu esclava mi alma amorosa , para tu alcázar mi Andalucía.
Azucena — de Baena abre tus hojas al sol del día;
desdeñosa — Nazarena abre á mi canto tu celosía: abre sultana del alma mía.
FRANCISCO VALVEKDE Y PERALES
121
IV
Guardaba el Conde de Cabra con el Monarca agareno las más delicadas formas de atenciones y respeto , tanto por que sus instintos le encaminaban á ello cuanto porque así, magnánimos , sus Reyes lo dispusieron ; y en cuanto no se oponía al seguro del arresto era allí de sus acciones Boabdil el único dueño. Su edad era aproximada á cinco lustros , su aspecto gentil y noble , su rostro ligeramente moreno, y acusaba al hombre ducho del harem en los misterios su mirar dulce, impregnado de tristezas y deseos. Gozaba trato continuo con los más cercanos deudos del Conde, que fué, inconsciente, de sus amores tercero , y de tal modo marcharon en el asunto de acuerdo
128
LEYENDAS Y TRADICIONES
la ambición, hija del crimen, y el amor, hijo del cielo, que ambas pasiones unidas en maridaje funesto de la cristiana cobarde se anidaron en el pecho y á renunciar Dios y patria , al cabo la decidieron. Prometió á Boabdil que huiría de aquel castillo , en secreto , cuando ya libre en Granada él recobrara su reino, y allí , conforme á los ritos de coránicos preceptos , su religión dejaría; dichosa con él partiendo como Reina y como esposa una corona y un lecho. Estimó , Boabdil , en tanto de aquel corazón el precio que, á su vez, quiso dejarle de su cariño un recuerdo. Se quitó un hermoso anillo donde llevaba el real sello, grabado en una esmeralda , y se lo entregó diciendo: — Testigo de mis promesas esta memoria te dejo; su cifra sobre Granada te da de Reina derecho , y en Alah y en tí confío que muy pronto nos veremos
FRANCISCO VAL VERDE Y PERALES
123
en la Alhambra, donde juntos , olvidando este destierro, cumplidas veré en tus brazos las venturas con que sueño. — Poco después llegó al Conde urgente mensaje regio ordenándole llevara á Córdoba el prisionero reuniendo para escoltarle lucido y amplio cortejo de lo más florido y noble en los comarcanos pueblos, para honor del real cautivo , y honra del propio concepto. Pronto de Cabra y Lucena, de Aguilar , Luque y Zuheros , desplegando lujo y galas los jinetes más apuestos de la cristiana nobleza con el Conde se reunieron , y llevando entre sus filas al Rey de Granada preso se alejaron de Baena, llegando á Córdoba luego , donde dieron al buen Conde muestras de su real aprecio los Católicos Monarcas ; y dada á su misión término con la entrega del cautivo ? el Conde y sus caballeros á sus villas y lugares retornaron satisfechos. .
124
LEYENDAS Y TRADICIONES
V
Quebrantando duras peñas de las montañas luqueñas feliz el Marbella nace, y al romperlas se deshace en mil cascadas risueñas. Su clara linfa desata en azogados espejos, manso, su curso dilata, y va á perderse á lo lejos como una cinta de plata. Ya corre el verde camino lleno de apacible encanto , ya, en furioso torbellino, de espumas extiende un manto en la rueda del molino. Impregnándose de olores , sus cristales bullidores entre mil huertos desliza , donde riega y fertiliza árboles, plantas y flores. En sus márgenes amenas son más bellas las auroras , huyen del alma las penas, y al que sufre, son las horas
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES
125
más breves y más serenas. En aquel bello lugar, apenas el moro ido, fué la cristiana á ocultar la zozobra y el pesar de su corazón herido. Resbalaba el tiempo lento y más sus penas crecían, porque, con doble tormento, unidos la perseguían amor y remordimiento. Y tal crecieron sus males con los ensueños venales de su temeraria empresa , alarmando en la Condesa los instintos maternales, que en rumbo opuesto las dos , mientras la joven impía de un crimen volaba en pos , la madre , tierna ofrecía por ella votos á Dios. Ya las delicadas flores en dulces frutos cambiaron los estivales calores 2 cuando al Marbella llegaron dos apuestos corredores. Era cortés embajada que á la Condesa venía , por el Rey Boabdil mandada, que ya libre se volvía á su reino de Granada ; en que el Monarca africano ,
126
LEYENDAS Y TRADICIONES
feliz, antes de cruzar
el límite castellano ,
solicitaba besar
á la Condesa la mano.
La noble dama accedió
del Rey á las pretensiones ,
mucho en su casa le honró ,
honra que aquél le volvió
en ricas joyas y dones.
Y á Francisca , que tal era
el nombre de la hermosura
que su corazón venera ,
la dio una hermosa pintura ,
extraña sobremanera.
No hiciera el regalo honor
á un moro , que allí pintada ,
Francisca, vió con terror,
la Faz, humilde y llagada,
del Divino Redentor.
Se ausentó Boabdil, y en vano
luchaba por descifrar ,
la nazarena , el arcano
que en aquel cuadro encerrar
quiso el regio mahometano ;
cuando al separar un día
la tela rica y sutil
que la tabla revestía ,
vió que al respaldo tenía
el retrato de Boabdil.
Enconó el hallazgo tanto
de aquel corazón la herida ,
que deshaciéndose en llanto
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES
127
y besando el Rostro Santo no era ya su vivir vida. Flaca su carne y llagada ; de su amor y su pecado contrita , si no curada ; bajo el cariño y cuidado de aquella madre apenada ; discretamente asistida de un religioso , que en ella encendió la fe perdida , buscó, por fin , la doncella , la paz del claustro escondida. Y aunque dar castigo pleno quiso al retrato, no pudo quemarle, que el agareno encontró iglesia y escudo en la Faz del Nazareno. Profesó , y ya religiosa cuentan, que en el mismo día, por curación milagrosa, se libró de la infecciosa lepra que la corroía. La oración , la penitencia y los años que corrieron acortando su existencia, á Francisca devolvieron la calma de la conciencia. Ya anciana, miró la muerte llegar , con serena calma ; dió al suelo su cuerpo inerte y á Dios entregó su alma en fe y esperanza fuerte.
128
LEYENDAS Y TRADICIONES
Y para cerrar la historia os diré que , en paz serena , de sus despojos la escoria, aún guarda losa mortuoria del convento de Baena (10).
Apenas las altas torres de la morisca Granada coloran sus capiteles con los reflejos del alba , cuando el Rey Mahomad Segundo, que en un overo cabalga , á largo trote atraviesa la plaza de Bibarrambla , de cien alcaides seguido que cien pendones levantan á cuya sombra congregan diez mil valerosas lanzas. No de fiestas y torneos visten artísticas galas
130
LEYENDAS Y TRADICIONES
ni bonetes que coronen plumas azules y blancas ; que entre bélicos arreos bruñidos cascos irradian , pesados alfanjes ciñen, fuertes escudos embrazan y el pecho llevan cubierto con finas cotas de malla. ¿Dónde van? Sin duda alguna á la frontera cristiana; que en intestinas discordias Castilla se despedaza y apenas si la prudencia de su buena madre basta á librar al joven Rey de traidoras acechanzas ; mientras los bravos caudillos de las fronterizas plazas sin socorros y sin gente huérfanos de su Monarca } habrán de rendir al peso de las sarracenas armas con sus espadas invictas las fuertes villas que guardan , dando la vida con ellas en servicio de su Patria. ¡ Allá van ! Cual torbellino los campos queman y talan de la villa de Alcaudete cuyas sonoras campanas tocando al arma coronan de guerreros las murallas.
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES
131
Mahomad sus gentes ordena y al asalto se prepara , mientras los fuertes cristianos sobre la cruz de su espada juran vencer en la lucha ó morir en la demanda. Nubes de aceradas flechas cruzan el aire contrarias y con sorda gritería por todas partes avanzan hordas de moros que aplican á los muros las escalas. Los valientes caballeros de la cruz de Calatrava uno contra diez combaten con indómita pujanza; pero se esfuerzan en vano , que la fortuna voltaria á los árabes da el rostro y á los cristianos la espalda. Ya ganaron las almenas, ya las duras cimitarras , de los vencidos que huyen en roja sangre se bañan. Entran á saco la villa y tras horrible matanza los hombres llevan cautivos y las mujeres esclavas. De las torres del castillo la enseña de la Cruz baja y sube á ocupar su puesto la media luna africana.
132
LEYENDAS Y TRADICIONES
Cambió de sefior la villa ; llegó la noche callada , y á los horrores del día sucedió, triste, la calma.
II
Aún no mostraba en Oriente el sol sus doradas hebras cuando en poder de un alcaide el pueblo ganado deja Mahomad y toma el camino de la villa de Baena. Tras breve marcha descubre la cristiana fortaleza que como nido de halcones en la Almedina se asienta , donde ve lucir señales que llaman á la defensa. El atrevido africano con grave pompa despliega por la llanura vecina sus victoriosas enseñas con belicoso aparato de cajas y de trompetas. Los baenenses no desmayan, y con las gentes de guerra que desde el castillo envía el buen Alonso Sahavedra ,
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES
133
los vecinos, animosos, aparecen con presteza del arrabal en las torres , del Campillo en las almenas , del Albaicín en el muro , de la Calzada en la puerta , donde con heroico esfuerzo vencer ó morir esperan. Feroz es la arremetida de las tropas agarenas , sangrienta y breve la lucha , inútil la resistencia. La puerta salta en astillas y en la confusión horrenda vacilan los defensores que hasta el Coso se repliegan. ¡Victoria! gritan los moros y en el Albaicín penetran : Mahomad ya dueño se juzga de la codiciada presa y al Alcázar se dirige , cuando la hueste rehecha de los valientes cristianos con acometida recia , á la voz de Payo Arias , de Córdova y de Sahavedra y de Martínez Argote que marchan á la cabeza , á cuchilladas abate la media luna soberbia que impotente y humillada deja la villa que incendia
134
LEYENDAS Y TRADICIONES
Tomó Mahomad de Granada } escarmentado , la vuelta ; dos años después moría y hasta que bajó á la huesa no se borró en su memoria el recuerdo de Baena (11).
I
Es el bravo Don Gómez de Hinestrosa un noble caballero de aragonesa estirpe, rico y mozo, que logra ser por su invencible acero, cuando apenas su labio cubre el bozo ,
10
136
LEYENDAS Y TRADICIONES
entre los escogidos, el primero.
Señor de un pingüe estado ,
de gallarda presencia y apostura ,
en las sangrientas lides señalado ,
lleva rica armadura
con guarniciones de bruñida plata ,
rige el ardor de un andaluz caballo
que cuando á los contrarios desbarata ,
sobre los moros que su dueño mata
hunde feroz el callo.
No hay en Castilla toda
un caballero que en la lid reñida
al doncel Hinestrosa se adelante ,
ni en la corte aguerrida
del árabe Monarca de Granada
hay un alcaide que á esperar se atreva
el golpe de su espada ;
que al rayo semejante ?
siempre la muerte suspendida lleva
de su brazo pujante.
II
Pone cerco á Antequera el denodado Infante Don Fernando que numeroso ejército acaudilla, y sumisa á su mando viene á luchar contra el morisco bando
FRANCISCO VALVERUE Y PERALES
137
la escogida nobleza de Castilla. De su corte en presencia jura el gallardo Infante en manos del Obispo de Falencia , no desnudar las armas un instante, hasta dejar plantado por su mano sobre las altas torres de Antequera el pendón castellano. Y poniendo las suyas en el pecho juran también sus nobles Capitanes no descansar hasta mirar deshecho el fuerte muro, que caerá á despecho de los bravos caudillos musulmanes.
III
Muralla inexpugnable la morisca ciudad guarda y rodea, y un castillo , de altura formidable , en cuya cima ondea el árabe estandarte de Granada, á su defensa vigilante atiende ; y al ver cómo se extiende por los sagrados campos del contorno la altiva enseña de la fe cristiana , coronan las almenas, sedientas de la sangre castellana, las aguerridas tropas agarenas.
138
LEYENDAS Y TRADICIONES
Fernando no se abate
ni mide el riesgo de su grave empresa ?
y al patrio impulso que en su pecho late ,
cual tigre hambriento que atisbo su presa
se arroja con sus gentes al combate.
Tiembla sorda la tierra
bajo el choque violento
que producen las máquinas de guerra
agitando el cimiento
de la altiva muralla , do pretenden
abrir los sitiadores larga brecha
que el triunfo de sus armas asegure;
no hay quien morir matando no procure ,
quién arroja la lanza, quién la flecha;
quién intenta ganar el alto muro
y con paso inseguro ,
esgrimiendo la espada con la diestra ,
sube ayudado por amigo empuje,
mientra á la escala que vacila y cruje
aferra la siniestra.
Y al alcanzar la meta deseada
logra saber á costa de la vida
que fué tan peligrosa la subida
como fácil y pronta la bajada.
Resisten los sitiados ,
con heroico valor , los repetidos
asaltos de los bravos sitiadores ,
que de la ruda lucha fatigados,
regresan á su campo , no vencidos ,
pero sin el laurel de vencedores.
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES
139
IV
Cuando el Rey de Granada á saber llega el peligro inminente
en que se encuentra su ciudad preciada , un formidable ejército congrega y corre diligente
en socorro del jefe que la guarda,
pues ya febril su corazón presiente ,
que si un instante tarda
la llorará perdida eternamente.
Soñando en la venganza
cruza veloz los campos de Archidona
y cuando ve flotar en lontananza ,
sobre el alto castillo de Antequera ,
el pendón africano , que blasona
la invicta media luna,
detiene del caballo la carrera
y bendice su próspera fortuna.
V
Toca al arma el cristiano y avanza en ordenados escuadrones al encuentro del moro, con bravura, que al rudo galopar de sus bridones
140
LEYENDAS Y TRADICIONES
se adelanta, batiendo la llanura,
hacia los castellanos campeones.
Cual olas encontradas
de mar embravecido
chocan y se confunden con estruendo ;
rechinan las espadas
sobre el arnés bruñido
siniestros resplandores despidiendo ,
y al embestir tremendo
de las bravas falanges de jinetes
que el estandarte de la cruz levantan ,
ceden campo , vacilan y quebratan
las africanas turbas de zenetes.
Prodigio de valor y fortaleza,
enristrando la lanza poderosa ,
de la hueste cristiana á la cabeza
va Gómez de Hinestrosa
que en sangre infiel la banderola tifie }
de Ruy López seguido , de Velasco ,
y del Obispo Rojas, que así ciñe
la mitra como el casco.
Huyen en dispersión los mahometanos
del valeroso infante perseguidos
llevando en su desorden confundidos
algunos caballeros castellanos.
En el tropel envuelto
de aquel irresistible torbellino ,
sin un punto dejar la espada ociosa,
luchando en vano por abrir camino
que á los suyos le vuelva, va Hinestrosa,
hiriendo el vientre del bridón cansado ,
cuando el fatal destino ,
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES
141
que largas desventuras le apareja ,
le lleva á tropezar en un vallado ,
donde el buen caballero
se ve con el caballo derribado ,
de su rica armadura despojado
y de sus enemigos prisionero.
Cuando el valiente Infante echa de menos
al bizarro doncel , le busca en vano;
maldice, en su dolor, los agarenos,
y jura, por su fe de castellano,
la pérdida , vengar en sangre mora \
del adalid, cristiano ,
que todo el campo con vergüenza llora.
VI
Jusef Abul Ageh reina en Granada, y por su gracia y en su nombre tiene la importante custodia confiada de un fuerte alcázar que corona el muro de la ciudad sagrada, el bravo Abén Amir , de ilustre cuna ; valeroso soldado
que al rudo golpe de la edad vencido en calma goza, de su patria honrado , cuando fuerza y vigor perdidos siente, la estimación á que le dan derecho
142
LEYENDAS Y TRADICIONES
las gloriosas heridas de su pecho
y las honradas canas de su frente.
Pero el noble caudillo
no ama el honor de pasajeras glorias
ni cifra en las riquezas su ventura ;
que á un objeto más santo y más sencillo
que despierta en su ser dulces memorias
consagra su cariño y su ternura.
Cual alto don del cielo
guarda Amir un tesoro ,
preciado bien, de su vejez consuelo,
que estima más que el oro ,
que colma su existencia de delicias ,
ángel de amor por quien la vida diera ;
pues cuando siente el moro
los inocentes besos y caricias
de su Zaida hechicera ,
olvida sus enojos
y sueña que del mundo transportado
descansa en el Edén, acariciado
por una hurí de celestiales ojos.
¡Zaida! divina aurora ,
púdica flor de mágicos pensiles
que en sus negras pupilas atesora
todas las llamas con que el sol se dora,
todo el amor de diecisiete abriles.
De sangre abencerraje,
sola heredera de los claros timbres
de su altivo linaje ,
cultiva con esmero
el noble Amir su clara inteligencia,
procurando calmar, en el severo
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES
143
estudio de la ciencia
y en el silencio del retiro austero ,
de sus vivas pasiones la vehemencia.
Pero la bella mora ,
dando á sus pensamientos otro giro,
llevada de su mente soñadora ,
guarda en la soledad de su retiro ,
prudente y reservada ,
agradables historias , y nutriendo
su virgen corazón con su lectura,
va poco á poco su conciencia pura
por nuevos horizontes discurriendo.
Agrádanle primero
las curiosas leyendas y romances
en que algún castellano caballero
lucha valiente en los guerreros lances ,
donde á medida que el peligro toca
más el valor su corazón inflama ;
mientras con labio fervoroso invoca
los nombres de su Dios y de su dama.
Luego se inicia Zaida
en los misterios que el cristiano adora
y á su lectura con placer se entrega;
lágrimas dulces de ternura llora
cuando en el libro llega
al doloroso drama del calvario ,
contemplando, piadosa,
al Hombre-Dios que resignado sube
la pendiente del Gólgota escarpada,
herido el rostro , que el sudor afea ,
mezclado con la sangre que gotea
su cabeza, de espinas traspasada.
144
LEYENDAS Y TRADICIONES
Su espíritu se exalta
cuando aparece en la mortal escena
la doliente figura de María ;
terror sublime su dolor enfrena,
y presa de mortal melancolía
diera la vida por gozar un día
el amor de la dulce nazarena.
Torna luego á la calma
y sueña venturosa
con un esposo que le dan los cielos ;
ella le rinde el alma ,
él la llama su esposa 7
y en dulce unión , exenta de desvelos ,
bendice al Dios que los declara iguales,
comparte con su amor dichas y duelos ,
sin que turben impúdicas rivales
su hogar tranquilo con amargos celos.
VII
Ya regresa á Granada el agareno ejército vencido en los sangrientos campos de Antequera y lamentando la fatal jornada suspenso y abatido el pueblo todo su llegada espera. De lanzas rodeado ? alta la frente, que el dolor marchita,
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES
145
y á tristes reflexiones entregado ,
llega Don Gómez , y con ronca grita
pide el bárbaro pueblo su cabeza ;
más, Jusef que conoce
de su joven cautivo la nobleza,
por quien alto rescate tendrá un día ,
lo entrega á Abén Amir, su fiel caudillo,
quien asegura y lleva á su castillo
la noble prenda que su Rey le fía.
VIII
En actitud curiosa, de Amir en la cerrada fortaleza se espera la llegada de Hinestrosa , y apenas baja rechinando el puente acuden con presteza al ancho patio jefes y soldados, que al verle entrar con grave continente, velado el rostro de mortal tristeza , seguro paso y ademán altivo , suspensos y admirados, guardan mudo silencio, subyugados por la noble figura del cautivo. Oculta y con prudencia detrás de su calada celosía contempla Zaida, compasiva y muda, la gallarda presencia
146
LEYENDAS Y TRADICIONES
y el rostro hermoso, que el dolor demuda,
del joven caballero
á quien reduce la contraria suerte
á vivir á su lado prisionero
en condición más dura que la muerte.
Latiendo acelerado
el corazón de la gentil doncella
y exaltada su ardiente fantasía ,
piensa ver del esposo que ha soñado
en la figura aquella
la viva encarnación , por quien daría
el alma y la existencia ,
y en aras de su amor, inmolaría
su cariño filial y su creencia.
Llega el fatal momento ;
gira en sus goznes la pesada puerta
que abre la entrada de prisión obscura,
donde penetra, con mirada incierta,
como en lóbrega y triste supultura ,
el mancebo infeliz, que á hablar no acierta.
IX
Ya Zaida no reposa ; ya perdieron sus candidas mejillas las puras tintas de color de rosa ; sus sienes amarillas y el óvalo sutil de sus ojeras
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES
147
hacen sus negros ojos más sombríos ,
que sueñan, con amantes desvarios,
en realizar fantásticas quimeras.
Inquieta y desvelada
ve transcurrir las noches y los días
á tristes pensamientos entregada ,
recordando la imagen adorada
que le roba sus dulces alegrías.
Todo le causa tedio
y presa el alma de mortal angustia
cual flor tronchada se doblega mustia
sin encontrar para su mal remedio.
A sus solas recorre
la muralla y el alto parapeto,
que ilumina la luz del sol poniente,
y al llegar á la altura de la torre
que oculta su secreto
se detiene, fingiendo indiferente
que á la vega dirige sus miradas
contemplando sus cármenes floridos ,
mientras siente llegar á sus oídos
un rumor de pisadas ,
de dolientes suspiros y de quejas
que dentro de la torre se percibe ,
y apiadada del alma que allí vive ,
cuyo amor sus sentidos enajena ,
se decide, animosa,
sufriendo el yugo de su amante pena,
á inmolarle su vida, generosa,
ó á romper la prisión que la encadena.
Tranquila vuelve Zaida,
entre las sombras que la noche tiende ,
148
LEYENDAS Y TRADICIONES
á su mansión , y cuando á solas queda,
con vivo afán emprende
á tejer una escala con la seda
que, en abundante copia , Amir destina
al adorno y labor de sus esclavas ,
y cuando ya vecina
el alba muestra su color suave ,
rendida al sueño grave
busca en el lecho tregua á sus dolores,
ocultando el trabajo, cuidadosa,
en las ricas alfombras de colores
donde su cuerpo virginal reposa.
Tras eternas veladas
luce, por fin, la suspirada aurora
en que ve sus fatigas terminadas,
y mientras impaciente
aguarda la llegada de la noche,
madurando sus planes atrevidos,
hurta á su padre, cautelosamente,
un agudo puñal y dos vestidos
que en su lecho, también, guarda prudente.
Cuando al tender serena
la noche densas sombras
el ansiado momento ya señala ,
la atrevida agarena
saca de sus alfombras
el puñal, los vestidos y la escala,
y muda se resbala
á lo largo del muro solitario
hasta que á la prisión de Gómez llega ,
donde heroica se entrega
á realizar su intento temerario.
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES L41J
Sus manos delicadas
en la bóveda dura van rompiendo ,
con el puñal, las conchas agrietadas ,
y cuando ya la arredra
el penoso trabajo y desfallece
siente la aguda hoja
hundirse en la juntura de una piedra
que sorda se estremece ,
á impulsos de su esfuerzo sobrehumano ,
y desprendida, al fin, desaparece
en la obscura mazmorra del cristiano.
Don Gómez, que ha sentido
desde el primer instante, con sorpresa,
el extraño ruido
que conmueve las piedras de su techo ,
observa, prevenido,
muda la voz y palpitante el pecho ,
desde un rincón, el caso inexplicable,
que juzga sueño de su débil mente;
mas, cuando el golpe siente
de la piedra al caer, alza los ojos
al claro cielo , que apacible ostenta
purísimas estrellas á millares ,
y al ver descender, lenta,
de la altura , la escala salvadora
que á librarle, sin duda, va guiada
por mano bienhechora ,
llega á temer por su razón turbada ,
que más se ofusca cuanto más ignora.
Ni teme ni vacila
y ganando los pasos de la escala,
que al grave peso oscila,
150
LEYENDAS Y TRADICIONES
salva el espacio corto
que de la almena su prisión separa ,
busca su salvador, y queda absorto
viendo de Zaida la belleza rara.
Saber quiere impaciente
la clave de misterio tan obscuro ,
más, ella, que demoras no consiente,
echa la escala al exterior del muro
y baja diligente -
á buscar á su amor puerto seguro
con el hombre que adora ciegamente.
Allí cambian de trajes
y emprenden animosos el camino,
por ocultos parajes,
buscando del cristiano la frontera,
donde, tras de jornada peligrosa,
les abrirá sus brazos , amorosa ,
la ciudad, ya cristiana, de Antequera.
X
Ya el sol dora la cumbre de la Nevada Sierra con tornasoles de matiz cambiante, y á sus besos de lumbre la enamorada tierra se estremece de gozo palpitante.
FRANCISCO VAL VERDE Y PERALES
151
Las zonas de Levante
corre veloz con ardoroso brío
bañando en luz á la gentil Granada ,
que esquiva su mirada
bajo doseles de laurel sombrío :
por el boscaje umbrío,
que nutre con su riego ,
medroso de su fuego
tuerce su curso el río,
y entre nubes de aromas y colores ,
de encanto, de placer y de poesía,
la sultana sin par de Andalucía
í&Hz despierta suspirando amores.
XI
Seis horas han pasado de la fuga de Gómez, cuando entra en la torre su viejo carcelero que , mudo y espantado , busca, pero no encuentra, en su cárcel, al joven prisionero. Entre dudas y asombros, mira abierta la bóveda en la altura y á sus pies esparcidos los escombros , mientras piensa, temblando de pavura, que al enojo de Amir tiene insegura
31
152
LEYENDAS Y TRADICIONES
la cabeza en los hombros.
Llama, y á su clamor, acuden prestas
las guardias del castillo
mientras con rapidez la alarma crece ,
y cuando el buen caudillo
Abén Amir, conoce el hecho grave,
de pavor y de rabia se estremece ,
pues su experiencia sabe
que el terrible Jusef hará, violento,
para aviso de alcaides confiados ,
un ejemplar y bárbaro escarmiento
que dejará sus timbres mancillados
acabando su vida en el tormento.
Cuando ya lo ocurrido nadie ignora,
oficiosas de Zaida las esclavas
lo van á referir á su señora,
pero cansadas de buscarla en vano ,
al encuentro de Amir corren ligeras
á quien cuentan , medrosas , el arcano
que achacan á las artes hechiceras
de algún mago cristiano.
Mas , el prudente anciano ,
desprecia, por absurdas, sus quimeras
y á buscar á su Zaida se dispone;
cuando á sus plantas pone
un soldado , que llega presuroso ,
dos vestidos , de forma diferente ,
que entre unas peñas descubrió , afanoso ,
y una escala de seda resistente
que descendiendo al foso
de una almena del muro vió pendiente.
Con ávidas miradas ,
FRANCISCO VALVEKDE Y PERALES
153
mientras sus carnes de pavor se hielan ,
contempla Amir las túnicas bordadas
que la traición revelan
de aquella infiel, que al desnudarlas quiso
envilecer sus canas , sin recato ,
y hundir en sus entrañas, de improviso ,
el doloso puñal del hijo ingrato.
Juez y padre, zozobra
por contrarios deberes impelido,
mas, su antiguo valor fuerzas recobra ;
y á vengar sus afrentas decidido
dispone sus caballos más ligeros
y en breve deja la ciudad, seguido
de sus fieles y bravos caballeros.
Corre, registra, indaga,
por caminos, poblados y alquerías,
sin dirección , desalentado y ciego ,
y cuando la esperanza le abandona
sabe, que vio un labriego,
al mediar la mañana ,
con rumbo hacia los campos de Archidona ,
esquivando veredas y caminos,
dos jóvenes pasar por su labranza,
vestidos á la usanza
de los nobles señores granadinos.
Más razones no espera
y dando rienda á su corcel fogoso
emprende desalado la carrera
en pos de los amantes, temeroso
de que lleguen á tierra de cristianos
donde encuentren reposo
libres ya de las iras de sus manos.
154
LEYENDAS Y TRADICIONES
XII
Luego que Zaida y Gómez
por las amigas sombras encubiertos
el castillo de Amir abandonaron,
corrieron , en su afán, campos desiertos,
y cuando en el Oriente contemplaron
de la aurora los Cándidos reflejos
se cambió su temor en alegría ,
viendo, como entre brumas, se perdía
Granada con sus torres á lo lejos.
Las luces que fulgura
al avanzar risueña la mañana
descubren, á los ojos de Hinestrosa,
la divina hermosura,
las ricas formas y la edad temprana
de aquella, cuya mano valerosa,
le libertó del duro cautiverio;
el profundo misterio
en que se envuelve, penetrar procura,
y á su ruego , la niña , complaciente ,
de que nadie la escucha ya segura,
se turba, y dice, candorosamente.
— Yo soy noble doncella
hija de Abén Amir, el bravo alcaide
que en Granada cautivo te tenía;
mi proceder extraño no te asombre ,
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES
155
que há tiempo conocía
tus heroicas hazañas y tu nombre
que la fama do quiera repetía.
Aunque nunca esperaba
conocer al bizarro caballero
por quien secreta inclinación sentía,
cuando menos , quizás, en él pensaba,
de feroces soldados prisionero
le vi llegar á mi castillo un día.
El alma conmovida
de tierna compasión, se vió, anhelante,
por sus prendas y males atraída,
y desde aquel instante
lloró con el cautivo largas penas,
hasta llegar, tras afanosas luchas,
esta débil mujer, que atento escuchas,
á librarte de bárbaras cadenas.
Yo en los misterios creo
de la sublime religión cristiana ,
recibir el bautismo es mi deseo
y renunciar la falsa mahometana ;
busquemos pronto la frontera amiga ;
mi honor pongo en tu mano,
que á mucho , Gómez , la nobleza obliga
y la fe que profesas de cristiano. —
Oye el mancebo la sencilla historia
con asombro creciente ,
y obligado de tanto sacrificio ,
promete noblemente
en defensa de Zaida dar la vida,
y al dulce impulso de su amor naciente,
besa la mano de la niña, ansioso,
156
LEYENDAS Y TRADICIONES
que en rubor encendida ,
oye á Gómez , de gozo estremecida ,
por Dios jurarle que será su esposo.
La marcha prosiguiendo
hacia Antequera , con ligero paso ,
llegan al borde de empinada sierra ,
cuando el sol descendiendo
del cénit al Ocaso
agiganta las sombras en la tierra.
Rendidos de fatiga
se sientan á la sombra de un peñasco
cuya sólida planta
robustecen cimientos de granito
y orgullosa su cima se levanta
por la azul extensión del infinito.
Ya se juzgan salvados ,
y soñando con dulces ilusiones,
del peligro olvidados ,
sólo piensan sus tiernos corazones
en la felicidad que les espera ;
cuando el viento les lleva de pasada
rumor confuso, cual si el eco fuera
de morisca algarada ,
que al impulso de rápida carrera
se acercase, del lado de Granada.
Con incierta mirada
y de temor y sobresalto llenos
descubren á lo largo del camino
un grupo de agarenos,
que montados en ágiles corceles ,
van corriendo sin tino ,
dando al viento los blancos alquiceles.
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES 1 57
¡Mi padre! grita Zaida;
sálvate, Gómez , aunque yo perezca;
su compasión imploraré de hinojos
y si no por el llanto de mis ojos
tal vez, por hija, su perdón merezca.
¡Nunca! con voz rugiente,
dice el mancebo, con furioso alarde;
subamos la pendiente,
que si logramos escalar la altura ,
podré encontrar en ella sepultura ,
pero no moriré como cobarde.
La delgada cintura
ciñe de Zaida , con robusto brazo ,
y aferrando la mano á la maleza
trepa con ligereza
sin que encuentren sus fuerzas embarazo.
Aún no tocan la cima
cuando ya los descubren los guerreros
de Abén Amir , que cercan el peñasco ,
mientras los más ligeros ,
dejando sus caballos, se aperciben,
á subir á la cumbre por las breñas ,
mas , tal lluvia reciben
de troncos y de peñas
por el fiero Don Gómez disparados,
que el estrecho camino inaccesible
abandonan de prisa los soldados
declarando imposible ,
por tal medio, rendir á los sitiados.
Amir , que en furor crece ,
su sanguinario intento no abandona
y hace que de Archidóna
158
LEYENDAS Y TRADICIONES
acudan ballesteros /que de lejos
den á los fugitivos cruda muerte ,
y el cristiano , que advierte
el desastroso fin que les aguarda ¡
al sentir de la flechas el silbido ,
el cuerpo de la niña cubre y guarda
en su regazo envuelto y escondido.
Pero , se esfuerza en vano ,
que ya de todas partes les dirigen
flechas agudas con certera mano ;
nada basta en lo humano
á librarles del bárbaro martirio
ni de muerte tan lenta y horrorosa,
cuando el bravo Hinestrosa
álzase presa de feroz delirio ;
contempla el fondo del profundo valle ,
erizado el cabello ,
y con brazo convulso ciñe el talle
de Zaida, que marchito el rostro bello ,
anuda en fuerte abrazo
los temblorosos brazos á su cuello
y sepulta la frente en su regazo.
El sol despide su postrer destello
y negando su luz al sacrificio
hunde en Ocaso sus fulgores rojos ,
mientras Gómez , mirando al precipicio
con espantados ojos ,
hasta su borde decidido avanza ;
una oración murmura delirante ;
oprime el seno de su Zaida amante
y al abismo se lanza.
Aún no tocan el suelo
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES 159
sus cuerpos, por los riscos destrozados , cuando, tendiendo el vuelo, de la humana materia desatados, se elevan sus espíritus al cielo.
XIII
Abén , de su rigor arrepentido , allí mandó cavar humilde fosa, donde en callada soledad y olvido , el tálamo nupcial halló la esposa en brazos del esposo prometido.
NOTAS
(1) Rafael de León. — La dramática vida de este insigne escultor se tiene por rigorosamente histórica. La hermosa sillería labrada por él en San Martín de Valde- iglesias permaneció en aquella Abadía hasta 1854 en que fué trasladada á la catedral de Murcia, donde hoy la admi- ran los inteligentes. La silla abacial, que León no llegó á construir, no se encontró en mucho tiempo quien se atre- viera á construirla hasta que en dicho año lo realizó con bastante acierto el ebanista de la corte D. José Díaz Benito.
(2) El Castillo de Guadalerza. — Asiéntase esta an- tiquísima fortaleza sobre una elevada colina de los montes de Toledo, teniendo á sus pies una feraz y extensa llanura circunvalada de montañas, surcada por riachuelos y atrave- sada de Norte á Sur por el ferrocarril de Madrid á Ciudad Keal y Badajoz, y por la carretera que va desde Yébenes á Fuente del Fresno.
Al lado izquierdo de las citadas vías y no muy distante del castillo, del que la separaba el río Bracea, se alzaba, hasta hace poco tiempo, una eminencia cónica que llamaba la atención del viajero, así por comprenderse á primera
162
LEYENDAS Y TRADICIONES
vista su construcción artificial, cuanto por el siniestro nom- bre de Cerrillo de la Horca, con que se la conocía.
Al construirse en 1888 la carretera que pasa por su pie, hubo necesidad de levantar el nivel del suelo y se tomaron tierras del extraño cerrillo, que iba descubriendo, á medida que adelantaba la excavación, las paredes, aun derechas y bien conservadas, de un antiguo edificio árabe, hallándose entre ellas un candil de barro, un acicate y un fragmento de un cipo sepulcral, de mármol negro, con tres líneas de caracteres arábigos.
Tan extraño hallazgo llamó la atención de los curiosos, pero habiéndose completado las obras de la carretera, cesó la extracción de tierra y quedó oculto el edificio en sus dos terceras partes, en cuyo estado permanece. Deseosos de co- nocer la traducción de aquel misterioso epígrafe, llevamos un calco de él á nuestro querido amigo y pariente, el sabio orientalista D. Rodrigo Amador de los Ríos, el cual nos manifestó que era el principio de una inscripción funeraria, y que por la elegancia de su dibujo parecía labrado al me- diar de la V.a hégira mahometana (siglo XI de J. C), tra- duciéndolo en esta forma:
En el nombre de Alláh, el Clemente, el Misericordioso! ¡Oh vosotros, hombres! Creed que las promesas de A.... ...lláh son ciertas. No os dejéis pites seducir por los place.*.
Ancho vagar á nuestra imaginación dejaron tan singula- res sucesos; fundado en ellos está el argumento de la leyenda que hoy publicamos, sin duda inferior á los miste- riosos y fantásticos motivos que le dan origen.
FRANCISCO VA L VERDE Y PERALES 163
(3) La Torre de la Malmuerta. — Al Este del campo llamado de la Merced, en la pintoresca Córdoba, se alza una hermosa torre octógona, conocida por el nombre con que encabezamos esta leyenda.
Según la tradición, corroborada por el testimonio de algunos historiadores, fué levantada dicha torre por los años de 1407, á expensas de un caballero que, arrebatado por los celos, mató á su esposa, siendo ella inocente. El Rey D. Enrique III, hecha la común prueba, y visto que el desdichado caballero había delinquido obcecado por una pasión violenta, le perdonó y le dijo: «Vuestra esposa ha sido mal muerta; en castigo de esta culpa, derribaréis vues- tro palacio y sobre sus escombros levantaréis una torre que se llamará de la Mal muerta.» Tal es la tradición, y así lo consignan también en sus escritos Heliodoro del Busto y Vaca de Alfaro.
(4) La Piedra Escrita.— A 3 kilómetros de la po- pulosa villa de Baena (Córdoba) y á unos 400 metros al Norte de la carretera de Alcaudete á dicha villa, se alza un peñasco natural que tiene labrada su cara de Poniente y en ella grabada una inscripción latina que dice así:
T. ANNIVS FIRMVS
IPONVBENSIS ANOR L
VIBIA CROCALE PATRIC VXOR ANOR XXIX
Traduciéndola libremente al castellano pudiera leerse: Aquí yace Tito Annio Firmo, Natural de Iponomhia
164
LEYENDAS Y TRADICIONES
de cincuenta y años, y su mujer Vibia Crocale, Patricia,
de veintinueve años.
Es conocido en el país el monumento con el nombre de La Piedra Escrita, y está situada al pie del cerro nombrado del Minquillar, curioso también por los restos de población romana descubiertos en él, especialmente sepulcros de pie- dra franca, y en cuya altura parece que existió la Iponombia de los romanos, según atestigua la inscripción que dejamos transcrita al citar la naturaleza del sujeto allí enterrado, y corrobora el Sr. D. Aureliano Fernández Guerra y Orbe, doctísimo en la materia, en el siguiente pasaje que copiamos del libro La Alhambra:
El cerro del Minguillar, que se nota entre la torre del Montecillo y Baena, me recordaba la inscripción de Iponom- bia que allí había descubierto y que yo solo había logrado leer, adquiriendo una corrección para el texto de Plinio.
En tales datos se funda la tradicional leyenda que hoy publicamos.
(5) Una Deslealtad y un Reto. — El memorable y curioso desafío de D. Diego Fernández de Córdova, después segundo Conde de Cabra y Señor del Estado de Baena, con D. Alonso de Aguilar, su próximo pariente, que reseñamos en esta leyenda, lo consignan varios historiadores dignos de todo crédito, y entre ellos, el Abab de Rute, D. Fran- cisco Fernández de Córdova, en su Historia (M. S.) de la Casa de Córdova, á la que también pertenecía.
El haber concedido el Rey D. Enrique IV el gobierno de los castillos y alcázares de Córdoba á un hijo del Conde
FRANCISCO VALVERDE Y FERALES
165
de Cabra llamado D. Martín, hizo estallar la envidia de D. Alonso contra la casa de sa esclarecido pariente y, ciego por el despecho, recurrió al reprobado medio de invitar á su casa para celebrar un convite al primogénito del Conde, D. Diego Fernández de Córdova, prendiéndole después del festín y manteniéndole encerrado en una torre algunos meses del año de 1469; poniéndole después en libertad, bajo promesa, de que se le entregaran por el Conde su padre ciertas rentas y dominios á que se creía tener derecho, y haciéndole jurar de que, en el caso de no cumplirse aque- llas condiciones, volvería por sí mismo á constituirse en prisión bajo el poder de D. Alonso.
El Rey relevó al Conde y á su hijo de cumplir nada de lo estipulado, y entonces, D. Diego, envió un cartel de desafío á D. Alonso, para que compareciera en Granada el viernes 10 de Agosto de 1470, ante la corte de Muley Hacén que se había prestado á cederles terreno para la lucha bajo su salvaguardia, por haberles prohibido el Rey de Castilla, bajo severas penas, luchar en sus dominios.
El erudito escritor granadino Sr. Lafuente Alcántara refiere así el suceso:
«Llegó el día crítico, y el pueblo y señorío de la corte de Granada y muchas damas y doncellas moras acudieron con impaciencia á las gradas del palenque. Momentos antes de comenzar la escena apareció Muley con la Sultana y con los príncipes, y ocupó, bajo un dosel, los blandos cojines de su tribuna, y á su lado sentáronse varios magnates moros elegidos jueces del campo y asistidos por el escribano real Almanzor de León que debía consignar una relación, veri-
166
LEYENDAS Y TRADICIONES
dica de todos los lances. D. Diego, armado de todas piezas y montado en un caballo arrogante, salió á la hora precisa con gentil apostura, paseó el palenque, sin que pareciera D. Alonso de Aguilar, y mandó á uno de sus farautes que le llamase y desafiase en alta voz: y aunque esto se repitió muchas veces no sonó trompeta que anunciase la llegada del competidor. Continuaron los llamamientos toda la tarde sin resultado; traspuso el sol por las cumbres leja- nas y entonces salió otro faraute con una tabla en que Don Alonso aparecía pintado en faz ridicula, y ató este retrato á la cola del caballo de D. Diego. Hincó éste el acicate y arrastró ignominiosamente la efigie hasta convertirla en astillas, diciendo con voz arrogante: «Este es el alevoso D. Alonso de Aguilar, que denegando su persona no vino al plazo señalado.» Un caballero de los concurrentes, Abencerraje y amigo de D. Alonso Aguilar, no pudiendo mirar con indiferencia los ultrajes con que se infamaba la honra de su amigo ausente, se levantó despechado, corrió á su palacio, dio prisa á sus criados y esclavos, y saltando en un caballo africano y empuñando una de sus lanzas, bajó con celeridad, saltó una valla por no entretenerse en bus- car puerta y presentóse cara á cara con el mantenedor. No fué más pronto aparecer el moro que interponerse una turba de alguaciles y esbirros destacados por el Rey para prenderle. La audacia del Abencerraje causó murmullos y turbación en el concurso: la plebe gritaba; los nobles opi- naban de diverso modo; los jueces no sabían á qué atenerse en semejante caso, no marcado en sus reglas de caballería; la Sultana y las damas se agitaban sobresaltadas; el Rey
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES 107
daba señales de indignación; y á todo esto D. Diego, me- cido en mitad de la liza con los graciosos escarceos de su caballo y preparado con la adarga al pecho, la lanza en ristre y el acicate á punto, reforzaba la voz pidiendo que le dejasen cebar sus iras en aquel moro. En esto se presentó un faraute montado en un caballo, y tocando una trompeta pudo acallar el murmullo. Restablecido el silencio promulgó orden de Muley, que imponía al moro pena de muerte con la cabeza cortada allí mismo, por haber promovido la tur- bación é infringido las leyes y costumbres de la caballería. No bien acabó el pregonero de publicar este decreto atroz, desmontóse D. Diego, confió á sus escuderos las riendas de su caballo, su lanza y adarga, y subiendo al dosel del Rey se hincó de hinojos y pidió por merced el perdón de aquel caballero. Muley no pudo menos de deponer su se- veridad y otorgar lo que imploraba su esclarecido huésped. Concluida, sin otro suceso, la ceremonia^ el Rey declaró por medio de otro pregón que D. Diego había cumplido como bueno, leal, esforzado y verdadero caballero cuanto á su honor convenía. El escribano Almanzor extendió diligencia de todos estos actos, puso el proceso en manos de los jueces, y éstos pronunciaron sentencia en 15 de Agosto declarando; según derecho de armas, vencedor al Mariscal y vencido á D. Alonso. D. Diego retiróse á sus estados y mandó copiar mil ejemplares del proceso y pintar muchos lienzos, que repartió gratis, en que aparecía D. Alonso pisado por su caballo con un letrero que decía: Este es D. Alonso Aguilar.»
La fama que de Capitán valeroso, invicto y esclare-
12
168
LEYENDAS Y TRADICIONES
cido, como le llama un historiador, gozaba 1). Alonso, no parece que sufriera grave daño por el malhadado suceso del desafío, si bien hay que convenir, en que tanto en la prisión de su pariente D. Diego como en su falta al reto de Granada, no procedió con la corrección, arrojo y nobleza que cumplía á un caballero de su talla. Fué D. Alonso Fernández de Córdova, Señor de Aguilar, hermano mayor del Gran Capitán, y tras una vida gloriosísima, en que pareció tener unido á su suerte el carro de la Victoria, mu- rió heroicamente combatiendo contra los revelados moris- cos de las Alpujarras en el desastroso combate ocurrido en Sierra Bermeja la noche del 16 de Marzo de 1504.
(6) La Virgen de Consolación.
De un antiguo castillo que supo abatir á dos Reyes el cetro.
En el año de 1300 fué derrotado al pie de las murallas de Baena el rey Mahomad II de Granada, y en 1483 fué hecho prisionero en la batalla de Lucena el Rey Boabdil (el Chico) por las gentes de Baena, al mando del Conde de Cabra, y conducido después á la fortaleza de dicha población; á cuyos hechos aludimos en los dos versos arriba copiados. También dedicamos dos leyendas á esos sucesos en este mismo libro.
(7) La Cruz de la Roldana.— El asunto de esta leyenda es rigorosamente histórico. Hemos tenido ocasión de leer un antiguo documento notarial que obra en poder
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES 169
del Sr. D. Manuel Calderón y Roldan, vecino de Luque, que nos lo facilitó generosamente, en el que se consig- nan los sucesos que narramos respecto á la desgraciada muerte de Isabel de Arrebola. Aparece, que sorprendida ésta con su marido y otros caballeros cristianos, en el camino de la fuente de Luque, por una partida de moros á caballo, corrieron todos á guarecerse en el castillo, sin cuidarse unos de otros, abandonando á la infeliz Isabel, que no pudo seguirles. El documento dice textualmente: «E su marido se la dexó, é le cortaron los Moros las tetas, camino de la fuente de Luque, é le ganó su caballo á un Moro, estando herida, el qual se quiso apear para cortarle la Cabeza y ella le ganó la lanza y le mató al Moro con ella, porque los otros moros iban delante tras otros qua- tro Caballeros Cristianos que la habían dexado, y ellos iban de huida á guarecerse en el Castillo: y la cáfila de Moros á Caballo que iban en Zaga de ellos pasaron de largo y no la pudieron ver: y ella metió el Caballo de rienda en el Castillo, herida como estaba, y allí murió.»
Hoy, después de siete siglos, queda en la cuesta que conduce á la fuente de Luque, una sencilla cruz de piedra que marca el sitio en que Isabel de Arrebola sufrió la am- putación de sus pechos, realizando su última hazaña.
Una larga inscripción, que ocupa las cuatro caras de la cruz, hace memoria del inaudito suceso.
Fué Luque ganada por primera vez á los moros en el año de 1240 por Fernando III, según cuenta la crónica de este Rey y refiere Fray Jaime Bleda, en su Crónica de ¡os Moros de España, citándola entre otras muchas poblaciones,
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LEYENDAS Y TRADICIONES
con el mismo nombre de Luque que hoy lleva, como se lo da también Juan de Mena en la copla 283 de sus Trecien- tas, hablando de aquel insigne Monarca:
«Conquistó las villas de Castro é Vaena, Córdoba, Ecija, Palma y Estepa, tanto que non se membraba do quepa la su fortaleza con gran dicha buena. Ganó mas, Obejo, Trojillo é Marchen a, ganó á Hornachuelos á Luque é Montoro; Por tales logares sembró su tesoro no le cobardando fatiga ni pena.»
Las vicisitudes de la guerra hicieron que algunas de las villas y fortalezas reconquistadas volvieran á caer des- pués en poder de los musulmanes, y tal suerte siguió Luque con Rute y algunas otras, sin que conste la fecha precisa de su pérdida, que muy bien pudo ocurrir durante la menor edad del Rey D. Fernando IV, en que también se perdió Alcaudete y estuvo á punto de perderse la inexpugnable Baena, por el abandono en que se hallaban las fronteras, á causa de las discordias y traiciones que se agitaban en la Corte de Castilla.
En los primeros días de Agosto del año de 1341 partió el Rey D. Alonso XI, con un fuerte Ejército, de Exija, y pasando por Baena, invadió las tierras granadinas conquis- tando á Alcalá de Benzayde (hoy la Real), Priego, Rute, Carcabuey y Benamejí, según se refiere en la Crónica de aquel valeroso monarca, y aunque consta en documentos privados que el día 24 de aquel glorioso mes fué también
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES
171
ganada la villa de Luque, es de notar que la Crónica no la cite con ese nombre, y en cambio hable de un castillo muy fuerte que tenían los moros, no lejano de Alcaudete, llama- do Lotorques, que no sabemos á punto fijo cuál fuera, ni si tiene alguna relación con Luque. En documentos particula- res que hemos consultado se dice que Luque se llamaba entonces Castillo de Benzayde, pero la Crónica sólo da ese dictado á Alcalá, y no creemos que los cronistas hubieran omitido consignar tal nombre si, efectivamente, Luque lo hubiera llevado, tratándose de tan importante plaza fronte- riza. Quizás del nombre de Luque con que se la conoció des- pués de la conquista de San Fernando en 1240, vino el de Lotorques, cuando volvió á poder de los moros, recobrando el antiguo de Luque al ser reconquistada por Alfonso XI.
Los caballeros principales que este Rey dejó en la villa en 1341, en que debió ocurrir el suceso que narramos en la leyenda, fueron Luis de Luque, Alfonso de Luque, Cris- tóbal de Ayala, Francisco Roldán y Cristóbal Roldán, que era esposo de Isabel de Arrebola.
(8) La Prisión de Boabdil. — Ocurrió este glorioso hecho de armas el día 21 de Abril de 1483, siendo caudillo de las tropas de Baena D. Diego Fernández de Córdova, segundo Conde de Cabra, Señor del Estado de Baena.
D. Francisco Fernández de Córdova, individuo de la misma familia, más conocido por el Abad de Rute, escribió una Historia de la Casa de Córdova, M. S. que se conserva en la Biblioteca Nacional, y en ella dice, refiriendo minu- ciosamente la batalla de Lucena, que cuando fué Boabdil
172 LEYENDAS Y TRADICIONES
descubierto y preso por algunos soldados, ocultó su rango y nombre diciendo ser un caballero granadino de la familia de Alnayar, y que como tal, fué conducido prisionero á Lu- cena ; y luego añade, que llevaba ya tres días en la torre del Homenaje, sin que se hubiera dado á conocer, cuando habiendo sido visto, casualmente, por otros prisioneros de Granada, se postraron éstos en su presencia y prorrumpie- ron en sentidos lamentos llamándole su Rey y Señor; sa- biéndose entonces que era el mismo Boabdil. Después sigue narrando los sucesos que se siguieron y dice que el Rey moro fué conducido desde Lucena á Córdoba por el Alcaide de los Donceles, viaje que hizo sin ver á Baena, y añade, que era falsa la tradición que en esta villa corría de haber estado Boabdil preso en su fortaleza, hecho que el Abad de Rute trata de desmentir con marcado interés.
Este escritor, que con frecuencia nos parece harto apa- sionado al narrar los sucesos de su propia casa y familia, vivió un siglo después de ocurrir la batalla de Lucena, y á sus afirmaciones se han atenido, más tarde, en ese punto, los historiadores modernos D. Modesto Lafuente y Don Miguel Lafuente, que relatan aquellos sucesos casi con las mismas palabras del Abad, en la Historia General de España el primero y en la Historia de Granada el segundo.
Examinando serenamente las crónicas de la época y los testimonios de muchos historiadores, más antiguos que el Abad de Rute, y algunos contemporáneos de aquellos sucesos que presenciaron, no puede menos que ponerse en duda lo que el Abad afirma y someterlo al análisis impar-
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES
173
cial de la crítica, cosa que hubieran hecho personas más competentes y autorizadas que nosotros, antes de ahora, si ]a Historia de la Casa de Córdova, á que nos referimos, no hubiera permanecido inédita y desconocida de mucha gente. Nosotros vamos á someter á la consideración de nuestros lectores los datos que hemos recogido y las obser- vaciones que se nos ocurren, para que juzguen después de cuál sea la exacta versión de los sucesos.
Principiaremos diciendo que nos parece harto inverosí- mil que al ser conducido Boabdil prisionero á Lucena, en unión de algunos millares de sus vasallos que corrieron su misma suerte, no fuera en el mismo campo de batalla ó en el camino, visto por ellos, ni hicieran manifestación alguna de respeto ó de dolor en su presencia que denunciara su rango, como sucedió tres días después en la misma prisión del Monarca, cuando sólo una casualidad hizo que algunos de sus subditos le vieran y se enteraran de que estaba preso, según el Abad de Rute.
Fray Jaime Bleda, escritor que trató las cosas de los árabes con escrupuloso interés, dice en su Crónica de los Moros de España, hablando de la prisión de Boabdil:
«Y metióse por una espesura de matas por la ribera del arroyo. Y en aquel lugar le acometió un peón de Lucena llamado Martin Hurtado para prenderle, y el Rey echó mano á un puñal y defendióse dél. Juntáronse otros dos peones con el primero y viéndose el Rey acosado les dijo: que supieran aprovecharse de su ventura, pues tenían al Rey en sus manos.»
D. Fernando Josef López de Cárdenas, en sus Memo-
174
LEYENDAS Y TRADICIONES
rías de la Ciudad de Lucena, dice también lo siguiente, tra- tando del mismo asunto:
«Lleváronlo á Lucena (á Boabdil) y conocido en el ca- mino por los yuyos y participada la noticia á los cristianos lo pusieron en el castillo del Moral con la decencia que correspondía á su persona.»
Tenemos aquí ya dos escritores, dignos de crédito, que nos dan dos versiones más aproximadas á la lógica que la del Abad de Rute, respecto á cómo fué conocido Boabdil. Pasemos ahora á examinar el punto referente á la estancia del Rey moro en Baena, que niega, como ya hemos dicho, el autor de la Historia de la Casa de Córdova.
Esteban de Garibay, historiador bastante inmediato á aquellos sucesos, que bien pudo conocer y tratar á perso- nas que los presenciaron, y que además registró los Archi- vos y Bibliotecas de la Nación siendo Bibliotecario de Fe- lipe II, dice en su Compendio Historial de España, refiriendo la batalla de Lucena :
«Siendo entre los soldados repartida la presa de esta victoria que á los moros quitaron, dieron al Conde de Cabra la persona del Rey Moro, como autor de la victoria, aunque muchos atribuyen tanta gloria como á él al Alcayde de los Donceles, y el Rey Chiquito fué muy realmente tratado.»
Más adelante, añade, refiriendo las negociaciones enta- bladas para conseguir la libertad del prisionero, lo siguiente:
«La Reina mora madre del Rey Mahomad,el preso, que al hijo favorecía, envió, juntamente con los moros de su par- cialidad, sus mensajeros al Rey de Castilla, á tratar de la libertad del Rey su hijo, prometiendo vasallaje perpetuo,
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES L75
con doce mil ducados de parias, allende de gran suma de dinero de rescate y de soltar trecientos prisioneros cristia- nos de Granada, los que el Rey quisiese
Por lo cual el Rey de Castilla haciendo
traer al Rey Mahomad de poder del Conde de Cabra lo puso en el de Martin de Alarcon, Alcayde de Porcuna.»
Hernando del Pulgar, que como todos sabemos vivió en aquel tiempo, siendo testigo presencial de los sucesos, Cronista de los Reyes Católicos y gran autoridad, por con- siguiente, en la materia, en el capítulo XX de su Crónica refiere la batalla y sucesos que la siguieron con gran suma de detalles, y dice entre otras cosas.
«En aquel lugar se fallaron muertos fasta mil Moros, allende de los que murieron en otras partes; é fué preso el Rey de Granada, é murieron algunos Alcaides é cabeceras del Reyno de Granada, en especial murió el Alatar que era Alcaide é Capitán de Loxa, é fué tomado el recuaje que traían, é fueron traídos presos á las villas de Lucena é de Aguilar muchos de ellos. E fueron tomadas nueve vande- ras, las cuales con la cabeza de un Rey puesta en una cadena, el Rey é la Reyna dieron la facultad que el conde traxese en el escudo de sus armas, y en las orlas que están en el circuito del escudo. Cogido el despojo, é traído el Rey Moro ante el conde de Cabra, visto como poco antes la fortuna le dio poder de Rey, y el infortunio le puso tan presto en estado de subjeto: por le consolar le dixo, que si como home discreto consideraba el presuroso movimiento de las cosas humanas, ni la prosperidad que poco antes tovo le debia alterar, ni la adversidad que tan presto le vino le
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LEYENDAS Y TRADICIONES
debia entristecer. Porque ansi como el bien pasado no tovo firmeza ansi el mal presente se puede mudar. E con estas, é con semejantes palabras consolándole, é guardán- dole la honra que debia como á Rey lo llevo preso á la su villa de Vaena.»
El Sr. Lafuente Alcántara, en su Historia de Granada, copia también este pasaje de Pulgar, pero truncándolo y omitiendo su última parte, con lo que deja de consignar, por seguir al Abad de Rute, lo que dice Pulgar de la estan- cia de Boabdil en Baena.
En el capítulo XXIII de su citada Crónica añade Pulgar lo siguiente:
«Estando el Rey en la cibdad de Córdova, vinieron á él mensajeros de la madre de Muley Bahabdelí, Rey de Granada, que estaba preso en poder del Conde de Cabra, é de parte de otros Caballeros é cabeceras del Reyno de Granada, que estaban á su obediencia, á le suplicar que le
ploguiese ponerle en libertad
El Rey oida aquella suplicación, embió mandar al
Conde de Cabra que traxese al Rey de Granada é gelo entre- gase. El Conde obedesciendo el mandamiento del Rey partió luego de la su villa de Vaena é vino para la cibdad de Cór- dova y traxo al Rey de Granada preso y entrególo al Rey.»
El sapientísimo D. Antonio de Nebrija, cronista de los Reyes D. Fernando y D.a Isabel, testigo presencial de los sucesos, irrefutable por la veracidad y conciencia con que escribió la historia de aquel reinado glorioso, cuyos días vio transcurrir, dice en el libro II, folio 60, después de hacer la descripción de la batalla de Lucena:
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES 177
«Rex ipse captus, Alatar et duces alü hostium caesi atque ita victores nostri eo ex conflictu redierunt in morem triumphi cum captivis et praeda, quam et hostibus aver- terant quae in manubias redacta in commilitónibus distri- buta est. Rex ipse captivus extra sortem Comiti donatus, apud quem honorifice atque pro dignitate regia tracta- tus est. »
Lo que traducido libremente al castellano viene á decir: «Preso el mismo Rey, muertos Aliatar y los otros jefes de los enemigos, y de este modo triunfantes los cristianos en la lucha, volvieron, según costumbre de los vencedores, con los cautivos y la presa que habían arrebatado á los enemigos, la cual fué distribuida entre las tropas que habían tomado parte en la batalla. El Rey cautivo fué dado al Conde, sin entrar en suerte, el cual trató al regio prisio- nero con el honor que era debido á su alta dignidad.»
Más adelante, en el mismo libro, folio 63, hablando de las activas gestiones que entabló la madre de Boabdil para conseguir la libertad de éste, dice el insigne Nebrija:
«Rex audita legationis summa, dat litteras ad Aegabren- sem Comitem utque ducat, aut mittat ad se Maurorum Re- gem petit. At ille non grávate jussis Regis obsecutus Re- gem captivum deducit. Laudatur Comes, atque honorifice ab Hispanorum Rege accipitur gratiasque í 11 1 agit, quod tam impigre illius voluntati obtemperarit, Regem captivum Mar- tino Alarconi, Porcunati arcis prefecto tradit.» Párrafos que dicen, libremente traducidos: «Oída por el Rey la Embajada, expide cartas al Conde de Cabra pidiéndole que traiga ó envíe á su presencia al
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LEYENDAS Y TRADICIONES
Rey de los Moros, y el Conde, de muy buen grado, obede- ciendo las órdenes de su Monarca, condujo por sí mismo al Rey cautivo. Fué el Conde honoríficamente recibido y alabado por el Rey de los españoles, dándole gracias por haber obedecido sus mandatos con tanta diligencia; entre- gando al Rey cautivo á Martín de Alarcón, Alcaide de Porcuna.»
No hay un solo escritor antiguo que niegue ni ponga en duda testimonios tan elocuentes de autoridades tan irre- cusables, ni nadie ha dejado de dar crédito á la tradición baenense, que el Abad de Rute tuvo á bien declarar falsa, sin tener en cuenta que tras ella están Nebrija, Pulgar, Garibay y otros ciento que la fortalecen con sus declara- ciones de testigos presenciales y de historiadores, cuya veracidad no es dado poner en duda. Si en los sucesos de nuestra leyenda hubo algo de cierto, pudiera ser que el Abad de Rute, celoso por la honra de su casa y por el buen nombre de una dama de su familia, intentara des- truir el fundamento de aquélla, arrancándolo de raíz, ó sea principiando por negar que Boabdil estuviera nunca en Baena; recurso disculpable que no carece de precedentes en la Historia.
(9) Toda la canción que ponemos en boca de Boabdil está tomada del poema Granada de D. José Zorrilla. Al coincidir en este único punto, los sucesos de nuestra mo- desta leyenda, con los de aquel admirable libro de nuestro gran poeta, no hemos vacilado en tomar de él ese frag- mento, porque ni habíamos de acertar á componer nada
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que le imitara; ni es más que un detalle para la esencia de nuestra composición ajena en su asunto á la inmortal obra de Zorrilla. Por otra parte nos lo agradecerán nuestros lec- tores y honramos sobremanera las páginas de nuestro libro.
(10) La leyenda de Boabdil que publicamos está fun- dada en la Historia, en la tradición y también en la fanta- sía popular y en la imaginación de los escritores que han tratado del asunto. Nosotros hemos formado nuestra compo- sición con los datos que en aquellos hemos encontrado, sin añadir nada por nuestra cuenta, y para dar á cada cual lo que es suyo, añadiremos á los que más arriba dejamos apuntados los siguientes:
D. José Zorrilla, en su ya citado poema Granada, acepta como ciertos los amores de Boabdil con una cris- tiana durante la prisión de aquél en Baena, según se desprende de la siguiente estrofa :
<; Venid á mis conjuros, yo os evoco, sombras enamoradas de Baena; almas á quienes dió por su amor loco lecho la eternidad, la vida pena; tú, hermosa, á cuyo amor faltó bien poco para abrazar traidor la fe agarena, y tú, africano rey, cuya alma insana vendió su corazón á una cristiana!»
El docto académico D. Aureliano Fernández Guerra y Orbe, gran investigador de monumentos, historias y curio- sidades andaluzas, visitó á Baena, hace ya muchos añoá,
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LEYENDAS Y TRADICIONES
encontrando, en sus Archivos y piedras, noticias de interés para la historia, que tiene publicadas en libros, revistas y periódicos.
A su laboriosidad se debe un curioso y antiguo docu- mento, hallado por él, no sabemos dónde, y publicado en el Semanario Pintoresco Español, tomo de 1852, pá- gina 121 y que copiamos á continuación:
«Guando el Conde D. Diego de Córdova, Señor de Cabra é Baena, prendió en batalla junto al arroyo de Martin González á Mahomad Baudilin el Chiquito, vigé- simo Rey moro de Granada, é le truxo á esta su villa, como saliera á la cava á les rescibir la Condesa D.a María con todos sus fijos é fijas é servidores et escuderos, é viese el Rey Chiquito á la fija mayor de la Condesa, fembra de muy grand fermosura, é muy granada é cumplida, fincó mas pobre é lacerado, preso en los amores de la doncella, que lo fuera con los hierros é desdichas de la captividad. E como le tomase gran tristura é pena luego que fué puesto á recaudo en esta torre del Homenaje, el Conde D. Diego le facia muy grand cortesia é placer por le con- solar é animar en su desventura, diciendole que las malas suertes é las buenas eran como las pluvias de verano, que tan pronto venían como se iban, ó como yerbecicas de los oteros, antes secas que nascidas; é de esta guisa le daba muy grand consolación con falagueras razones: é por face- lle toda honra é merced le llevaba á la cámara de la Con- desa D.a María, que era muy gran señora é muy entendi- da. Acontesció una noche que como Baudilin se veyese en su cuadra é contemplase quan aviesa le iba la fortuna, é
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recordase en su reino desamparado, é á los sus parciales muy apretados é perdidos, comenzó de sospirar tan tierna- mente que daba muy grand compasión á los que le oian. E como quier que non podiese dormir, é la noche fuese muy clara con la luna que parescia en el cielo, é le vinie- sen á las mientes las visiones de aquel amor que otrosí le tenia mucho acoitado, forzaba por se asomar á las lumbre- ras é finestras de la torre por se consolar con las de aque- lla donde se aposentaba la doncella. E como Gallegos se oviese imaginado que el cativo se iba á fuyir, preguntóle que facia, é dixole que parase mientes que mas forzado era hi por su palabra que por los cerrojos é candados, é que non complia á los varones fuertes la furia del basilysco cuanto la prudencia é el sufrimiento, ca fuera mejor caba- llero quien sopo sufrir. Baudilin le replico que non era de sesudos nin de cuerdos hombres afrentar al caballero que non se podía valer por su mal andanza, et dijole que un Rey non facia nunca desaguisado por ende perdiese su honra. E como Gallegos acatase las razones del Rey Chiquito, y le apretase á que le descobriese sus penas, prometiéndole servir en todo, el Rey se las descobrió; é Gallegos fizo en adelante porque el Rey Chiquito fablase con D.a Francisca la fija del Conde que era muy fermosa, é muy buena, otrosí é mucho honrada: et estaba á esta sazón el Conde en Cór- dova. E acontescia que la doncella é Baudilin comenzaban de gestionar en las vistas, et en burlas, la doncella porque el Rey Chiquito se convirtiesse á nuestra sancta fee catho- lica, et el Rey porque D.a Francisca se tornase mora, pro- metiéndola facer Reina del Alhambra, Xenealarife, é el
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LEYENDAS Y TRADICIONES
Xaragüi, é los floridos Alixares: é les placia fablar é vol- ver á ello, é tanto que las burlas se tornaron veras é quedo tan cativa la señora como el Rey desleal, é falso, é mozo mal aconsejado : ca el amor no es en poder del hombre. D.a Francisca pugnando con su passion é con la ofensa que facia á Dios, se quiso confiar de la su hermana Doña Brianda, que después casó con D. Diego Ramírez de Guz- . man, é fue Condesa de Teua: é tanto se comprimió el cora- zón de D.a Francisca con los consejos é advertimientos de la su hermana mas pequeña, é con que D.a Brianda lo oviese contado todo á D.a Marina, vuestra madre, que cayendo en el lecho asaz doliente, llegara á punto de morir de muy apretada malatia, si D.a Brianda no le dixesse que aquel non era fecho de cristiana y honrada, é que lo des- cobriria todo á la Condesa D.a Maria si no posiese reme- dio. E como ya fuese muy andada la luna, é los campos se avian cobierto de verduras é de flores, et el vientecico traia sus olores muy dulces, D.a Francisca dábase prisa á convalescer y á se alegrar en las huertas é alearías que se parescen por bajo de Luque, é en las fuentecicas que hi corren de muy claras é frescas aguas, entre los almen- dros é olivos é jarales. E como quien que non le podiese parar la memoria de los sus amores é otrosi le oviessen venido nuevas de que el jueves en aquel dia llevarían á Córdova á Baudilin, é que non le volvería á ver por aven- tura, llamó una siesta á Gallegos é le encomendó que le sacasse la semblanza de Baudilin con el mesmo vestido é ropas que tenia en la batalla en que fue cativado, ca Ga- llegos era muy diestro en el arte de la imaginería: é Galle-
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gos se lo ofrescio mucho honradamente, é fue á Baena é ge lo demandó del Rey Chiquito é plógole grandemente á Baudilin; mas non se pudo facer la semblanza, ca fue llevado el Rey á Córdova, é dende allí á Porcuna fasta que se acordaron los pactos. D.a Francisca non quiso tornar á Baena, é pasaba los días en aquellas huertas é alearías asaz melancólica, fasta que una alborada vido que los ginetes de Luque corrían por los campos et el castillo facia la salva, é que llegaron mandaderos á la Condesa á facerle saber como el Rey de Granada le quería besar las manos antes de seguir la vi a que para su reino facia, ca se fallaba libre é desembarazado de su captividad por lar- gueza de los Señores Reyes Catholicos D. Hernando é D.a Isabel. La Condesa le fizo muy grand cortesía é mucha honra, et el Rey le fizo presente de muy ricos panos, et de alambar et algalia é de otras buenas especias et de muy buenos olores, et de sendos briales de muy grand obra para las fijas de la Condesa: é otrosí para D.a Francisca una tabla con un sancto rostro de nuestro Redemptor Jesu Christo, é lo cobrian cendales y brocado: et el Rey Chi- quito dixole á D.a Francisca que aquel don non era de moro, antes de cristiano caballero, et que esto ficiera por mas le servir et le mostrar lo que sabia facer. D.a Fran- cisca gelo agradesció como podedes entender que podialo agradescer; é fincó que le arrancaban el alma; segund era el dolor que sintió con la venida de Baudilin, et las nue- vas de su partida, ca mas le pluguiera tenerlo preso en la torre: et estuvo á punto de caer sin sentido. Luego que partió el Rey é se perdieron los zagueros por las sierras
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LEYENDAS Y TRADICIONES
de Luque, Gallegos asaz recatadamente dixó áD.a Francisca que levantase los paños que cobrian el sancto rostro; é la doncella fincó espantada con la semejanza de la pintura, ca en el respaldo del sancto rostro avia trasladado maese Antonio en Córdova la semblanza de Baudilin, con los arreos que dixiera la doncella. E desde aquel dia la don- cella comenzó de adolescer muy mal, é todo su cuerpo fue cobierto de llagas que gafedad parescian, con muy grand dolor é queja: e como quier que entendiese que non podia escapar de la muerte fizo llamar á D.a Marina de Velasco, vuessa madre, para que fablase con un fraile de la orden de Sant Agustín, que era muy grand siervo de Dios: et el fraile dixo que la enfermedad de D.a Francisca era por pecado que tíciera: et D.u Francisca lloró muy fieramente é pidió al Conde é la Condesa la metiesen monja en Sancto Domingo, é antes fizo que Gallegos pintase una argolla al cuello de Baudilin, ca el Conde D. Diego le habia vencido en batalla, é la christiana doncella habia vencido los en- cantamientos que ficieran en la semblanza del Rey Chi- quito: y non la fizo quemar, ca la semblanza habia tomado iglesia en el sancto rostro del Eedemptor del mundo. E dio otrosí la tabla á vuestra madre para que la guar- dase: é pidió al Conde que echase á Gallegos de la tierra é que non volviese mas. Et el mismo dia que professó la doncella fue sana, ca trocara la muerte é la mentira por la vida é la bienaventuranza.»
Hasta aquí el curioso papel: luego añade el Sr. Guerra y Orbe, que gracias al celo del Sr. D. Francisco Fernández de Córdova, más generalmente conocido por el Abad de
FKANCISCO VALVERDE Y PERALES
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Unte, se conservó el retrato de Boabdil, que en la actualidad posee el citado erudito académico, quien describe la pintura en estos términos :
«La tabla de diez y siete pulgadas de alto por doce y tres líneas de ancho presenta la singularidad de no haberse pintado inmediatamente sobre ella, sino sobre un pergamino que le está fuertemente asido. Este recibió una preparación de yeso y exceptuando el sitio que debían ocupar el rostro y cabellera, fué toda la extensión del cuadro dorada y bru- ñida antes que el pincel fijara los colores y el punzón la- brase la corona, las ropas y la cadena. Por la pintura, se ve que era moreno el rostro de Boabdil, verdes los ojos, el mirar dulce y melancólico, sonrosados suavemente los la- bios, castaños y finos sobremanera el cabello y la barba. Esmeraldas y rubíes engarzan la corona que asienta sobre un bonetillo de tisú verde. La jaqueta mitad es de un color, mitad de otro; verde recamada de lises de oro, carmesí reca- mada de rosas del mismo metal; tiene tomado el escote con un vivo de terciopelo y por el lado derecho bajan botones de azabache. Déjase ver la camisa bordada y pespunteada de encarnado. La cadena es de bronce. El fondo del cua- dro muy oscuro, tachonado de oro.»
No sabemos si la D.a Francisca empezaría su vida mo- nástica en el convento de la Madre de Dios de Baena, donde murió, en cuyo caso sería bastante entrada en años cuando se decidió á profesar, toda vez que el dicho con- vento no se fundó hasta el año de 1510.
Sus cenizas reposan en el coro, al pie del sillón presi- dencial, donde hay una losa con esta inscripción:
186
LEYENDAS Y TRADICIONES.
'«Aquí yacen las Escmas señoras duquesas, de. Ba en a, D.9* Francisca Fernandez de Córdova, la , marquesa- de Ardales Sor Ana de Jesús Maria y D.a Ana /de Toledo m hija y Sor Ana de la Cruz, .hija de los marqueses de Priego, y Sor: Maria de Santo Domingo y Sor Ca tali na-: d.e¿ Jesu- cristo: año de 1634.» .'.'//.
En la crónica del convento consta que por los años de 1780, las novicias abrieron de noche este sepulcro para ver lo que en él había, y hallaron, puestas con mucho or- den, unas urnas de plata donde están, encerradas las ceni- zas de dichas religiosas.
(11) Y hasta que bajó á la huesa,
no se borró en su memoria
el recuerdo de Baena..
Este suceso glorioso para las armas: cristianas ocurrió el año de 1300.
D. Modesto Lafuente, en su Historia General de Es- puria,, dice hablando del reinado de Fernando IV: •/ ¿Abreviemos los enojosos sucesos de este reinado de discordias y de intrigas. Aprovechándose de ellas como buen político el Rey Mahomad II de Granada, no sólo había mantenido; con esplendor/ su pequeño Reino, sino que había llevado sus- huestes, hasta las puertas.de Jaén, incendiando el arrabal de Baena y apoderándose de la for- taleza de Bezmar, hasta que fué llevado, en 1302 del reina- do de esta vida al eterno descanso.» : ..
Esteban de Garibay, en la Crónica General d.e España, refiere así el hecho:
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES 187
«Durante las guerras de estos años, el Rey Mahomad cercó á Alcaudete, pueblo de la Orden de Galatrava, cuyos caballeros y gentes que dentro se hallaban, no siendo par- tes para defender, la tomó dentro de pocos días, y con esta victoria, cercando á.Baena, donde estaban Alonso Pérez de Sahavedra, que tenía el alcázar, y Fernando Alonso de Cór- dova, hijo de D. Alonso Fernández, y Payo Arias, y Juan Martínez de Argoté y otros caballeros cordobeses, entró en el pueblo hasta ganar la mitad, de donde estos caballeros, que de los vecinos del pueblo fueron valientemente ayuda- dos, echaron á los moros, por lo cual el Rey Mahomad dió vuelta á Granada.»
Para ilustrar hecho tan importante para la historia de Baena, hemos de hacer algunas aclaraciones relacionadas con el teatro donde ocurrió el suceso. >• ■■■
Se asentaba en aquel tiempo la villa en la cumbre y faldas del cerro donde aún vemos su castillo, y estaba ro- deada de dos órdenes de murallas; la interior cercaba la parte principal llamada Almedina, que en árabe quiere decir la ciudad por excelencia, y en ella se encontraba el castillo, la iglesia mayor, las casas de cabildo y todas las solariegas pertenecientes á la nobleza; la segunda, de la cual apenas^ quedan indicios de que haya existido, rodeaba todo el resto de la población.
Fácil cosa es todavía el señalar los límites de la mu- ralla interior, pues á pesar de las injurias del tiempo y del abandono con que ha sido mirada, permanece en muchos puntos derecha, flanqueada de sus torres, algunas tan no- tables como la del Sol y la de Clavijo, y conservándose en
188
LEYENDAS Y TRADICIONES
mediano estado dos arcos morunos, que fueron puertas por donde comunicaba la ciudad con los barrios exteriores; mas, como es posible que muy pronto desaparezcan por completo unos y otras sin dejar rastro de su existencia, señalaremos en esta nota su situación por si tuviera la suerte de servir de algo á las gentes venideras.
El cerro sobre que estaba construida la villa forma un cono casi regular, de gran altura, con rápidas pendientes, que hacen dificilísima la subida, excepto por la parte N., donde un declive más suave ofrecía, en aquellos tiempos, más probabilidades de éxito, en caso de un ataque, si lle- gaba á ganarse la primera muralla.
No desconocieron los árabes esta circunstancia y levan- taron, durante su dominación, el castillo al extremo supe- rior de aquel declive, dominándolo por completo, como parte más débil por naturaleza á que era preciso ayudar con obras de arte.
De la puerta más antigua y principal de la fortaleza, que mira al N., arranca el muro que circuye la Almedina, dirigiéndose por la Tela al SO. y abriéndose en él, primero, el arco llamado de la Villa, hoy destruido, y algo más ade- lante el de Santa Bárbara; ambos eran de moderna cons- trucción y sus puertas de escasa importancia y resistencia. Desde este último arco, seguía la muralla entre la plazuela de Marín Alba ó Clavijo y el antiguo barrio de San Juan, recurvando al E., dejando fuera el de la Zapatería, donde aún se ve el antiguo arco llamado Obscuro, y más adelante el de Consolación, que fueron antiguas puertas, fuertes y dispuestas sus entradas en ángulo recto para facilitar su
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES 189
defensa. Ambos son morunos y, sin duda, de los más anti- guos que quedan de aquella época. Sigue luego la muralla por el lado E., donde se encuentra la torre del Sol, ya citada, y dejando dentro el Hospital de Santa Marina, se inclina al N. para cerrar su recinto en la entrada del cas- tillo, donde había también una puerta moderna que llevaba el nombre del Hospital y cuyo arco se conserva derecho.
Más difícil nos será señalar el lugar preciso que ocupó la muralla exterior, pues ésta ha desaparecido por completo sin dejar más que algunos ligeros indicios de su existencia.
Principiemos por la parte en que se conserva un resto de ella: la torre que ocupa la ermita de la Virgen de los Remedios. Arranca el muro de esta torre pasando por de- lante de la iglesia del Salvador, antigua parroquia, perdién- dose inmediatamente; pero es indudable que seguía la mar- gen derecha del Marbella, pues no hace muchos años se conocían algunos restos de su construcción frente al sitio que ocupó Ja iglesia de la Magdalena, también parroquia, y otros más abajo; hasta que aparece, en mejor estado de conservación, cercana al molino llamado de la Puerta. Este nombre nos dice que allí debió existir una de aquellas para el servicio del molino y el abastecimiento de agua del río á los vecinos. Desde esa puerta seguía la muralla la dirección del río, que le servía de foso, dejando dentro del recinto la antigua parroquia de San Pedro, ya destruida, y el con- vento de San Francisco, tomando entonces la dirección Norte por la margen izquierda del barranco de la puente de Perales, en cuyo punto se abría otra puerta llamada de Córdoba, nombre que conserva la calle que á ella condu-
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LEYENDAS Y TRADICIONES
cía. Continuaba luego la muralla en la misma dirección y siempre al abrigo del barranco citado, hasta que replegán- dose bruscamente, buscando el terreno más alto del cerro por la llamada Velilla Alta, esquinas del Colegio del Espí- ritu Santo, calles de la Muralla, y Galana, entrando por el alto Barrizal y bajando por la calle de Francisco de Dios, donde quedan hoy sus cimientos, iba á cerrar en la ermita donde hemos tomado el punto de partida, unida ya con el Marbella. Otra puerta debió existir en la Calzada, y de las más importantes, pues el nombre de la actual calle indica, que por ella pasaba entonces un camino firme.
El celo religioso de nuestros abuelos hizo desaparecer de las calles los nombres árabes, que sólo algunas conser- van, como la Tela y el Albaicín, y esa circunstancia nos priva de la luz que los tales nombres pudieran arrojar para el estudio de lo que fué la población en aquellos lejanos tiempos; pero algo podemos conjeturar en lo referente al estudio que vamos haciendo en apoyo de nuestra tesis de los actuales nombres de ellas.
La calle Nueva, la del Barranco, la del Campillo, la del Barrizal y Barrio Nuevo, indican claramente con sus nombres que son de moderna fundación, y lo que eran los lugares en que se construyeron cuando fué derribada la muralla exterior de que nos venimos ocupando.
Hallábase, pues, la población encerrada en el cin turón que dejamos marcado, siendo su núcleo principal las lade- ras despobladas hoy, que miran al río, alrededor de las destruidas parroquias del Salvador, la Magdalena, Santiago y San Pedro, cuando fué atacada por Mahomad II.
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES
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Lo inexpugnable de este lado del pueblo, á cuyo pie corre el Marbella por estrecho y profundo cauce, y la suave pendiente del opuesto, donde además se encontrába la Cal- zada con su puerta, y al frente anchuroso campo donde desplegar las tropas disponiéndolas para el ataque, no deja duda de que éste debió ser dirigido contra la citada puerta principalmente y contra los lienzos de muralla inmediatos al Campillo, alto Barrizal y Albaicín, por donde entraron los asaltantes, llegando hasta el Coso, donde fueron recha- zados por los defensores, quemando al retirarse aquellas barriadas, que tardaron mucho en reconstruirse, especial- mente el Albaicín, que llegó arruinado hasta época muy moderna.
(12) La Peña de los Enamorados. — Entre las po- blaciones de Antequera y Archidona, en la provincia de Málaga, existe un encumbrado monte, que se divisa desde grandes distancias, presentando por algunas partes un acantilado, que á partir de la cima, forma un precipicio de gran profundidad.
Conócese el tajo, por la Peña de los Enamorados, cuyo nombre debe á una interesante y antigua tradición, muy popular en Andalucía, y que ha generalizado después en toda España el Sr. Martínez del Rincón, con el célebre cuadro que lleva el mismo nombre.
El historiador Lafuente relata así el suceso: «Había en Granada un joven cautivo de quien su sul- tán hacía mucha confianza. Tenía éste una hija, la cual se enamoró del mancebo cristiano. Con el temor de que el
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LEYENDAS Y TRADICIONES
padre descubriese sus amores, se resolvieron los dos á fugarse de la casa y á buscar un asilo entre los parientes del esclavo. Al llegar los fugitivos al pie de aquella roca, la joven musulmana se sintió rendida de fatiga y se sentó á descansar. A los pocos momentos vieron llegar al padre, que corría desalado en busca de su hija con gente de á caballo. Turbáronse los amantes, y no sabiendo qué partido tomar, determináronse á trepar por aquellos riscos hasta ganar la altura. Dirigíales el padre, desde la falda de la roca, furiosas amenazas, y amonestábales la gente de su comitiva á que descendiesen é implorasen su perdón, como único medio de templar su enojo y salvar sus vidas. Ni amenazas, ni reflexiones, ni ruegos bastaron á persuadir á los enamorados. Fueles ya preciso á los de la escolta del padre subir á la roca para apoderarse de ellos; pero el joven amante, con determinado arrojo, comenzó é descar- gar sobre ellos piedras, troncos de árboles y cuanto pudo haber á las manos. Vista la resistencia, buscó el padre ba- llesteros que de lejos les atacasen. Los jóvenes enamora- dos, no pudiendo salvarse de la lluvia de flechas que sobre ellos caía, y teniéndose ya por perdidos, para no sufrir la ignominia que les aguardaba, se abrazaron estrecha y fuer- temente y se echaron á rodar por la peña abajo hasta caer destrozados, á los pies mismos de aquel inhumano y sañudo padre. Movió á lástima aquel triste y horrible espectáculo á todos los espectadores, y arrancó lágrimas á los mismos que habían contribuido á ponerlos en tal desesperación. Los dos amantes fueron enterrados al pie de la roca, que desde entonces se llamó La Peña de los Enamorados,»
FRANCISCO VALVERDE Y PERALES 193
Con ligeras variantes, refieren este dramático suceso otros escritores, conviniendo en el fondo con lo narrado por el Sr. Lafuente, aunque suponiendo que el caballero cristiano estaba preso en una mazmorra, de donde fué sa- cado por la enamorada joven, en cuya forma lo refiere también la tradición granadina.
Nosotros hemos seguido para la confección de nuestro modesto trabajo, además de lo dicho por los historiadores, una narración publicada en el libro La Alhambra, cuyo autor desconocemos.
ÍNDICE
Páginas.
Dedicatoria ni
Prólogo v
Introducción 1
Los Niños Hermosos 5
Rafael de León . . 15
El Cristo de la Agonía 21
La Esposa del Arquitecto 27
El Castillo de Guadalerza. 35
La Torre de la Malmuerta 61
La Piedra Escrita 75
Una Deslealtad y un Reto 79
La Virgen de Consolación 03
La Cruz de la Roldana 99
La Prisión de Boabdil 109
Mahomad 129
La Peña de los Enamorados 135
Notas 161
SE ACABÓ DE IMPRIMIR ESTA OBRA EN EL ESTABLECIMIENTO TIPOGRÁFICO LA SEÑORA VIUDA É HIJOS DE J. PELAEZ EL DIA XXVIII DE SEPTIEMBRE DEL AÑO DE MCM TOLEDO
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